En la bolsa de Nueva York, el crudo ligero de Texas (de referencia) se cotizó el lunes a 122,26 dólares el barril. Subió exactamente 1,29 dólares, mientras en los mercados alimentarios Asia, África y sobre todo Centroamérica los huesos de los infelices son cada vez más visibles por el aumento de los precios.
Es una combinación trágica que propina latigazos a las espaldas del Tercer Mundo. El caso del arroz es increíble. Hay mil millones de asiáticos bajo riesgo por los problemas con el cereal. En muchos países no desean que se exporte para tener una seguridad alimentaria, concepto que cobra cada vez más importancia en el planeta.
Fidel fue el primero en advertir que la locura de convertir en etanol grandes cantidades de alimentos provocaría una hambruna general, porque los precios de los productos agropecuarios se alzarían en espiral vertiginosa.
Dos factores: se dedicaría menos comida para vender a las personas y la producción de biocombustibles restaría superficie a los alimentos. Por una vía y por otra los precios suben.
Cuando el mundo supo que George Soros compró miles de hectáreas de tierra en el estado de Mato Grosso, en Brasil, para sembrar caña que dedicaría a producir etanol, todo el mundo se dio cuenta de que la situación se tornaba realmente peligrosa, ya que Soros es un individuo con un don especial para oler las fuentes del dinero sin percibir los dolores ajenos.
Es como el Manolito de *Mafalda, *mas en escala sideral.
Ahora esta combinación de precios altos de petróleo y de los alimentos son como dos de los jinetes del Apocalipsis modernos que se añaden a los cuatro tradicionales del español Vicente Blasco Ibáñez.
El fundamente de los dos nuevos jinetes es que son neoliberales y van acompañados de una hermandad de grandes ejecutivos de empresas sin intenciones de preocuparse por la suerte de los demás.
En unos y otros precios, lo fundamental es la especulación. El petróleo que está en el mercado alcanza, pero las transnacionales se valen de cualquier dificultad nimia para que suban irracionalmente. Basta que haya una huelga, se queme una refinería o un país productor tenga conflictos sociales, por demás algo natural en esta época, para que los mercaderes riquísimos hagan subir las tarifas violentamente.
Así van ahora de las manos los trucos de los crudos ligados a los de la falta de alimentos para producir más combustibles y encarecer por un lado y por el otro. Nos tienen agarrados por el cuello y tenemos que zafárnoslos. |