La crisis ambiental está muy lejos de solucionarse
Astrid Barnet
Colaboradora de Rebelde
8 de Septiembre de 2008, 9:50 a.m.
La Habana, Cuba.- El cambio climático del Planeta está generando consecuencias funestas para la humanidad, incluso, hay quienes se han atrevido a vaticinar el año 2050 como el comienzo del fin. Ciertamente, los niveles de contaminación y emisión de gases están subiendo de manera continua y ponen en peligro las condiciones normales de vida para las próximas generaciones. Uno de los efectos más preocupantes es el rápido descongelamiento de los glaciares.
Lonnie Thompson, profesor de la universidad de Ohio sentenció la desaparición de uno de los principales glaciares de Perú, el Qorikalis, en tan sólo cinco años. Pero las malas noticias no concluyen aquí.
El Ártico es la zona de mayor vulnerabilidad, las temperaturas están aumentando y el hielo se está derritiendo. Todas sus especies de flora y fauna, acostumbradas a su particular hábitat, podrían desaparecer con el incremento de las temperaturas.
Las regiones del Sahara, en África, donde se estima que las zonas secas lo serán aún más, ya están soportando los fuertes impactos del cambio. Las islas pequeñas, por su falta de capacidad para adaptarse también están en peligro de desaparecer. La cuarta área crítica es la conformada por los grandes deltas ubicados en Asia, donde miles de personas seguirán muriendo y corriendo los graves peligros de inundaciones similares a las de los últimos cuatro años.
Especialistas señalan que, entre 75 y 250 millones de habitantes en África, podrían enfrentar escasez de agua en el 2020, lo que ocasionaría un crecimiento altísimo de las enfermedades y la tasa de mortalidad a nivel internacional. De igual forma la producción de muchos cultivos de subsistencia podría decrecer hasta en un 30 por ciento al sur y centro de Asia.
Conviene recordar que la primera vez que se aborda el tema de Calentamiento Global fue durante la Revolución Industrial en Inglaterra, entre 1750 y 1820. Después, en 1860, volvieron a referirse acerca de él científicos de la época y, más recientemente, durante la segunda mitad del siglo veinte.
Sin embargo, nunca este tema trascendió de investigaciones científicas propias de la época, ni jamás se crearon tantas llamadas de alerta como hasta hoy.
En pleno siglo XXI el tema es más complejo. Empieza a ser explotado por economistas, políticos, científicos…intelectuales en general, y todos quieren jugar un papel importante, pero aún no se ven los resultados.
El clima de este Planeta está enloquecido, y a los cambios de temperatura que se producen de manera natural hay que sumarle otros más graves: los provocados por el hombre. Por ejemplo, la temperatura mundial promedio subió en los últimos 50 años al ritmo más acelerado de la Historia, y los años más calurosos se contaron luego de 1998.
Este incremento acelerado de la temperatura es debido al calentamiento global, un fenómeno causado por la emanación de gases como el dióxido de carbono (CO2), que se acumulan en la atmósfera, formando una carpa que no permite el paso del calor. La capa de gases que cubre la Tierra es producto de la actividad de las grandes chimeneas de las industrias y de las plantas de energía que trabajan con carbón y emiten al año más de 2 000 millones de toneladas de CO2. A esto se suma el deterioro de los ecosistemas por la mano del hombre, por la tala de árboles y la erosión.
Según una investigación publicada por la revista Science, el cambio climático provocado por la contaminación podría elevar la temperatura de la Tierra entre tres y nueve grados en los próximos cien años, una cifra que parece inofensiva pero que podría derretir glaciales.
A la vez, el efecto invernadero provocado por gases mortíferos, elevaría la temperatura de las aguas del Pacífico, disparando así los fenómenos del Niño y la Niña. Eventos naturales que se producen cada cierto tiempo y que, según expertos, podrían convertirse en hechos permanentes, afectando gravemente a la población de los trópicos, especialmente de Centro y Suramérica que, históricamente, han sufrido en muchos de sus territorios inundaciones, desbordamiento de ríos, fuertes sequías y pérdida de cultivos. El aumento de las temperaturas está provocando además diversas plagas en esas zonas, además de epidemias de mosquitos transmisores del dengue y enfermedades como la malaria.
Están desapareciendo también ecosistemas únicos en esta parte del globo, como los páramos. En Colombia, por ejemplo, para 2030 se habrá derretido el último de los picos nevados de sus cordilleras. En otras latitudes los inviernos son cada vez más largos, llueve cuando debería hacer calor y lo que hace unos años eran tormentas moderadas hoy son fuertes y arrasadores huracanes.
Las nevadas y glaciares pronto serán historia por lo que, según pronósticos, traerá consigo una gran crisis en las fuentes de agua ubicadas en las zonas secas del Planeta como el oeste de Estados Unidos, a la vez que aumentará el nivel de los océanos inundando zonas costeras, como la Florida y el Golfo de México.
Como de todos es conocido si a esto se suma la poca voluntad de Estados Unidos, el país más contaminante del mundo, la crisis ambiental está desafortunadamente aún muy lejos, pero muy lejos de solucionarse, sobre todo por la falta de voluntad y cordura de muchos gobiernos. |