En Estados Unidos, en vez de resolverse los problemas de la humanidad, se reproducen
Astrid Barnet
Colaboradora de Radio Rebelde
9 de Febrero de 2009, 9:45 a.m.
La Habana, Cuba.- Sin lugar a dudas que las principales naciones emergentes del mundo –Brasil, India, China y Rusia, entre otras-, desempeñarán un papel destacado sobre la crisis mundial, ya que los países pobres son víctimas inocentes de la convulsión económica global, ahora que el sistema financiero se ha desplomado como un castillo de naipes, y ha arrastrado con él la fe dogmática en los principios de no intervención en la economía por parte del Estado.
Y es que en todo ello está en juego la supervivencia de millones de pobres de todo el Planeta que sufren las consecuencias de la crisis crediticia global que se inició en los países desarrollados. Frente a esto los Mandatarios europeos baten palmas por la conversión del Fondo Monetario Internacional (FMI) en el supervisor de las finanzas mundiales, con más recursos monetarios para socorrer a los países en apuros.
La crisis financiera internacional ha pasado ya a su fase más aguda: la recesión en Estados Unidos y Europa y, con ellos, el derrumbe de los bancos y el de varias connotadas corporaciones y firmas. Y, diversamente proporcional a esto (continuando nuestra enumeración): la caída de los precios, la falta de crédito para los emergentes y el retroceso en las exportaciones. Queda claro, igualmente, que Estados Unidos buscará imponer con subterfugios, eufemismos y neologismos la agenda global, para sacar ventaja competitiva de su tecnología de punta.
En conferencia de prensa reciente, el ministro de Hacienda de Brasil, Guido Mantega, sintetizó la plataforma de consensos mínimos a la que llegaron las seis naciones que de hecho aspiran a ser miembros activos de un grupo que comande, junto con las economías desarrolladas, los destinos económicos mundiales para las décadas por venir.
De acuerdo a esta media docena de "emergentes", que según Mantega responden por el 75% del crecimiento mundial, es preciso adoptar medidas adicionales a las que ya tomaron europeos y norteamericanos. Entre ellas, la necesidad de que los bancos centrales de las grandes potencias extiendan líneas de liquidez a los emergentes de forma incondicional.
De otro modo, no será posible restituir la confianza en el sistema financiero mundial. Parten de definir como culpables de esta crisis a los países centrales y ubicar a los emergentes como víctimas "que han quedado sin crédito, con menos oportunidades de exportar y fondos de inversión que sacan apresurados su dinero para llevarlo a puertos presuntamente más seguros como los bonos de largo plazo del Tesoro norteamericano".
En suma, no podemos continuar siendo controlados por instituciones financieras de finales de los años del pasado siglo. El mundo cambió y el Grupo de los Siete refleja tan sólo una pequeña gota del poder económico internacional. Se requiere de un consenso más amplio, y romper definitivamente con la filosofía de los principios de no intervención en la economía por parte del Estado. ¿De qué forma?
Encaminando nuestros pasos hacia un nuevo formato de cumbres de Jefes de Estado con reuniones periódicas.
Independientemente de las raíces que han provocado la actual crisis del capitalismo y del Imperio norteamericano, las naciones del Sur tienen una alternativa para salir adelante, y está marcada –en el caso de Nuestra América--, en la Alternativa Bolivariana de los Pueblos (ALBA) - ya en marcha-, que incluye temas como una zona monetaria para el establecimiento de mecanismos de intercambio comercial y la consolidación de una moneda común (el Sucre, a propuesta del presidente venezolano Hugo Chávez), entre otros aspectos no menos importantes para la integración latinoamericana, y para dejar sentado una vez más el pensamiento bolivariano y martiano de los hijos del centro y sur de este continente: “Pero no augura, sino certifica, el que observa cómo en los Estados Unidos, en vez de apretarse las causas de unión se aflojan; en vez de resolverse los problemas de la humanidad, se reproducen; en vez de robustecerse la democracia y salvarse del odio y miseria de las monarquías, se corrompe y aminora la democracia y renacen, amenazantes, el odio y la miseria”. José Martí |