El
9 de abril es una fecha significativa para los cubanos,
ese día
muchos jóvenes decididos, y el pueblo en general,
salió a las calles con el fin de paralizar el país
y dar fin a la dictadura batistiana.
Pero
diez años antes, el 9 de abril de 1948 la capital
colombiana, Bogotá, fue presa de la rabia contenida
y el dolor acumulado por años de opresión y
maltrato. Ese día, a decir de los propios colombianos,
la historia del país se partió en dos.
Bogotá era anfitriona de la IX Conferencia Panamericana,
a la cual concurrían personalidades de tanto relieve
como el general estadounidense George C. Marshall y el futuro
presidente de Venezuela Rómulo Betancourt. La reunión
tenía como objetivo la fundación de la Organización
de Estados Americanos (OEA).
Las
tres balas que segaron la vida de Jorge Eliécer
Gaitán Ayala, fueron el detonante para la revuelta
popular conocida como «el Bogotazo». Transeúntes,
loteros y lustrabotas del sector empezaron a gritar: “¡Mataron
al doctor Gaitán!, ¡mataron al doctor Gaitán!, ¡Cojan
al asesino!”.
Un
cabo de la Policía capturó a Roa Sierra
(el asesino), lo golpeó y lo desarmó e ingresó con él
a la droguería Granada cerrando la reja para proteger
la vida del homicida. Luego la turba enfurecida que se había
formado en minutos sacudió la reja y la abrió.
La muchedumbre ingresó y un lustrabotas le pegó con
su caja de embolar en la cabeza. Roa Sierra cayó al
piso. Lo sacaron de la droguería y sobre el andén
lo masacraron.
La
noticia de la muerte del jefe del liberalismo se difundió a
todo el país. En Bogotá la turba se había
congregado frente a la Clínica Central bajó a
la carrera séptima y engrosó la marcha que
se dirigía a Palacio. Al llegar a la carrera séptima
con calle octava, desnudaron el cadáver de Roa y amarraron
los pantalones a un palo para ser agitados como bandera revolucionaria
mientras gritaban “¡Viva Colombia! ¡Abajo
los godos!”.
En
las otras ciudades del país la revuelta estalló en
focos dispersos, parciales, en actitudes grupales o aisladas,
pero reflejaban la situación de indignación
del pueblo liberal.
Algunos
grupos de revoltosos se congregaron en las esquinas bordes
de la Plaza de Bolívar. Comenzaron los incendios
en el sector; primero ardió el Palacio de San Carlos,
luego la Nunciatura Apostólica, los conventos de las
Dominicanas y de Santa Inés, la Procuraduría
General de la Nación, el Instituto de la Salle, el
Ministerio de Educación, la Gobernación de
Cundinamarca, el Palacio de Justicia y los tranvías.
A la par de los incendios se iniciaron los saqueos a los
almacenes, joyerías y platerías.
¿Qué significaba Gaitán
en la sociedad colombiana para que reaccionara de la manera
como lo hizo ante su asesinato?
En
su vida corta pero intensa, este hombre logró con
su ejemplo, sus ideas revolucionarias y sus discursos incendiarios
interpretar y encarnar los deseos de las masas populares.
Logró hacer del problema social la bandera de lucha
más importante del país.
“El país político —dice Jorge
Eliécer Gaitán, nada tiene que ver con el país
nacional.”
Este
hombre de aspecto mestizo, que era llamado despectivamente
por las elites que combatió como “el negro”,
nació en 1898 en un hogar de clase media baja. Gaitán
aprendió de su madre, maestra de oficio, una profunda
lección: respetar a los hombres por su dignidad y
sus merecimientos antes que por su condición social
y económica.
Se
graduó en 1924 como abogado con la tesis “Las
ideas socialistas en Colombia”, que sería un
primer anuncio de su pensamiento y sus ideales políticos.
Se fue a Italia a la Real Universidad de Roma, donde obtuvo
el título de Doctor en Derecho, con la mención
magna cum laude.
El
altivo caudillo, denuncia sin pelos en la lengua a la oligarquía y al imperialismo que la tiene sentada
en sus rodillas, y anuncia la reforma agraria y otras verdades
que pondrán fin a tan larga mentira.
En
las elecciones de 1950 no habrá oposición
para Gaitán, si no lo asesinan será Presidente
de Colombia. Entre 1929 y 1948, en su vida política
como senador, alcalde de Bogotá, magistrado y ministro;
defendió la misma línea social, política,
filosófica; eso sí, sin las ambigüedades
y contradicciones que podía generar un ideario y un
líder en acción.
El
joven Fidel Castro, se encontraba casualmente en Bogotá,
encabezando la delegación cubana a un congreso de
estudiantes latinoamericanos, convocados con el fin de crear
la Federación de Estudiantes Latinoamericanos. Sobre
la experiencia vivida en aquella contienda, el otrora joven
estudiante de Derecho narra en Cien Horas con Fidel, cuenta: “Aquella
fue una experiencia de gran importancia política.
Gaitán era una esperanza de paz y desarrollo para
Colombia. Su muerte fue el detonante de una explosión.”
A
60 años del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán,
su ejemplo sigue vigente y sus ideales pululan por todo el
continente. Después de su muerte la lucha en el campo
prosiguió y dio pie a la formación de guerrillas
como las FARC y el ELN. |