Grave la crisis, grave Afganistán
Joaquín Rivery Tur
Colaborador de Radio Rebelde
11 de Marzo de 2009, 3:15 p.m.
La Habana, Cuba.- El presidente Barack Obama ya está tomando las primeras previsiones de su política hacia Afganistán. Aparte de la crisis económica, es su otro dolor de cabeza. No hay nada nuevo hasta ahora. El anuncio de la reducción de algunos miles de hombres en la ocupación militar de Iraq va acompañado del refuerzo de las tropas en el país centroasiático.
Afganistán es una trampa mortal, pero el gobierno norteamericano no evita caer en ella a pesar de que la historia enseña a todo el que tenga deseos de aprender que se trata de un país muy difícil de conquistar.
En medio de la ruta de la seda, los pastones tarde o tempranos se deshacían de los ocupantes, hasta que en 1747 establecieron su Estado, invadido por la pérfida Albión (Inglaterra) entre 1837 y 1919, cuando el país se independizó de Londres y formó una monarquía.
En 1973 se instaura la república y cinco años más tarde la izquierda toma el poder, lo que desató la intervención de Estados Unidos, Arabia Saudita y Paquistán, que propiciaron la sublevación del Talibán, preparado y armado por estas potencias que se inmiscuyeron en sus asuntos internos.
En apoyo de la izquierda, el Gobierno soviético determinó, erróneamente, intervenir en el conflicto, con lo que aumentó el suministro de armas norteamericanos, hasta que las tropas tuvieron que retirarse en 1989.
Es fácil ver que los afganos son muy rebeldes y nunca han tolerado el dominio foráneo. Se libraron de los mongoles, de los árabes (heredaron de ellos la religión), de los altaneros ingleses y de la monarquía. Los soviéticos también tuvieron que irse.
Después de los sospechosos atentados a las Torres Gemelas de Nueva York, Estados Unidos decidió que eran obra de la organización Al Qaida y que su jefe, Bin Laden se refugiaba en Afganistán. Por lo tanto, lo atacó y ocupó a sus antiguos aliados, pero no ha podido dominar el terreno ni una sola semana.
El general David McKierman admitió que la coalición que encabeza Washington no está ganando la batalla que se libra en el sur del país contra los talibanes, una fracción religiosa fundamentalista basada exclusivamente en la ley de la Sharia.
McKierman aboga por conquistar la mente de la población pastún y reconoce que la campaña no dependerá de las acciones militares, sino de la población, acostumbrada a seguir sus tradiciones y que tiene enormes razones para odiar cada vez más a los norteamericanos y sus aliados otanistas por la cantidad de crímenes que cometen contra la población civil.
Washington ha estado reclamando a la OTAN el envío de más tropas, pero no ha logrado casi nada y por eso Obama se decidió a que el refuerzo contra los afganos fuera norteamericano, donde ya hay 14 efectivos bajo la bandera de la OTAN y 19 mil soldados bajo el mando directo de EE.UU.
El envío anunciado de 17 000 hombres más puede agudizar la guerra y no parece ser una cantidad como para amedrentar a los afganos y hacer cesar su lucha por despejar su tierra de ocupantes extranjeros. Algo difícil, según su historia. |