La Habana, Cuba.- La mayor lucha de toda la historia del comercio internacional ha sido exactamente el empuje de los países del Tercer Mundo por derribar las barreras proteccionistas de Estados Unidos y la Unión Europea.
Si un evento ha sido testigo de esa lucha sin cuartel por salvar lo poco que les queda a los pueblos del sur, ha sido la llamada Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio, donde lograron imponer que el tema de estas reuniones fuera el derecho al desarrollo, aunque en la práctica no hayan logrado absolutamente nada.
La información comienza lisamente con las siguientes palabras: "La Unión Europea y Estados Unidos prometieron el martes combatir las barreras comerciales y promover políticas de inversiones abiertas en todo el mundo", que ambas partes resistirán "el sentimiento proteccionista" y trabajarán juntas para oponerse a restricciones a la inversión.
Fíjese bien el lector que se trata de evitar "restricciones a la inversión", no la eliminación de los subsidios existentes que ahogan las exportaciones de productos básicos de las naciones subdesarrolladas.
La reunión de expertos comerciales de ambas partes no tiene dudas. Van a volver a empujar para que las naciones pobres acepten alguna variante del una vez fracasado Acuerdo Internacional de Inversiones, que ha ido imponiendo poco a poco Washington en acuerdos como el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y República Dominicana con Estados Unidos y los famosos Tratados de Libre Comercio, TLC, con Chile, Perú, Panamá y el que tiene sus dificultades políticas con Colombia.
"Los países deberían evitar nuevas restricciones y esforzarse por eliminar las restricciones existentes" Volvamos a aclarar. "Los países…" no se refiere a todos, sino a aquellos dentro de los subdesarrollados que se niegan a la venta simple y llana de sus territorios, como sería abrirlos completamente al capital extranjero para que luego los estados no tengan siquiera la posibilidad de dirimir un conflicto con tribunales nacionales.
Las grandes corporaciones transnacionales podrían demandar a los estados, pero estos se verían con las manos atadas a la hora de entablar un juicio a los grandes inversionistas extranjeros.
Estas afirmaciones de los industrializados están recogidas en un documento de un ente denominado Consejo Trasatlántico, lleno de países ricos, y fueron claros en definir que deseaban estimular la economía capitalista desarrollada "pese al surgimiento de nuevas potencias como China".
El comercio bilateral Unión Europea-Estados Unidos alcanzó 1.600 millones de dólares diarios el año pasado, pero ambas partes también se enfrascan en algunas barreras restrictivas para frenar renglones concretos que compiten con la producción de uno u otro.
Ahora bien, en la declaración emitida por el denominado Consejo Trasatlántico en Bruselas no hay la más mínima mención a los problemas del Tercer Mundo, al proteccionismo que ahonda la pobreza, a la crisis alimentaria que aumenta el número de hambrientos en lugar de disminuirlos, a la atrocidad de convertir productos agrícolas en etanol u otro agrocombustible y a la espiral de precios que han provocado en los mercados mundiales en detrimento de las naciones más desfavorecidas del planeta.
Los temas que se discutieron en Bruselas no son los que interesan a la población de los países, sino a las grandes corporaciones. Los temas del desarrollo del Tercer Mundo volvieron a quedar para nueva ocasión. |