Política de EE.UU. hacia la mujer
Astrid Barnet
Colaboradora de Rebelde
14 de Julio de 2008, 12:30 p.m.
Las declaraciones –y promesas—además de las trifulcas --en ocasiones desmedidas--, continúan y se acentúan cada vez más entre los dos virtuales candidatos a la presidencia de Estados Unidos de los Partidos Demócrata y Republicano. Los imperativos serán muchos, variados y hasta controvertidos -–sobre todo en cuanto a expectativas en la esfera económica internacional--, para aquel que llegue a escalar el aspirado peldaño de poder.
A esto habría que agregar conflictos internos que no por ser viejos continúan resultando temas angustiosos si están en dependencia del contexto social de un país. Y con ellos la situación de la mujer estadounidense que, paradójicamente a vivir en la nación más poderosa e industrializada del orbe, manifiesta una absoluta discriminación en disímiles aspectos.
Prueba de esta aseveración son recientes declaraciones del candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Demócrata, Barack Obama, quien criticó a su oponente republicano (John McCain), por oponerse a un proyecto de ley en el Senado promoviendo la igualdad de salarios entre hombres y mujeres, además de apoyar a los miembros más conservadores de la Corte Suprema y rechazar el derecho al aborto.
"Nunca me retractaré a la hora de defender el derecho de una mujer a abortar", declaró Obama. En relación con la igualdad de salarios, el candidato demócrata criticó a McCain diciendo que él "sugirió que la razón por la cual las mujeres no cobran lo mismo no es discriminación en el puesto de trabajo sino el hecho de que las mujeres necesitan más educación y entrenamiento…La solución es cerrar esta diferencia y pagar a las mujeres lo que se les debe", dijo.
Realidad contrastante con la de Cuba donde, entre las medidas de carácter enfermizo que plantea el gobierno de Estados Unidos en su política de anexión y dominio contra Cuba está la creación de un mecanismo que tendría, entre otros objetivos (¡soñados!), abolir el sistema de pensiones, el sistema de seguridad social y los derechos de la mujer en una sociedad socialista.
El Gobierno de Cuba, desde los primeros años de Revolución, le ha concedido y concede esmerada importancia a la mujer y como principio trabaja por la defensa de sus derechos humanos y libertades fundamentales.
Cuba fue el primer país en suscribir la Convención Sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW). En 1996 cuando rindió su informe ante el Comité de Expertos de ese organismo, fue reconocida la labor desarrollada en la Isla por los derechos humanos de la mujer, “no obstante las circunstancias económicas y políticas en las que se encuentra el país desde 1989 como resultado de la escalada del bloqueo económico de los Estados Unidos de Norteamérica, lo cual ha tenido repercusiones serias sobre la situación de la mujer y la infancia y ha conducido al deterioro de la calidad de vida del pueblo, Cuba no ha cesado en avanzar hacia el logro de la plena igualdad entre los sexos”.
En la Mayor de las Antillas, las metas y sueños de muchas mujeres en el mundo son realidades desde hace mucho tiempo; la política para garantizar el avance de la mujer forma parte del Programa de Desarrollo Social, y por el trabajo permanente de la Federación de Mujeres Cubanas que, a lo largo de más de cuatro décadas, ha representado los intereses de la población femenina, a partir de su educación ciudadana y su trabajo mancomunado con todos los organismos estatales, políticos, sociales y de masas para hacer realidad el ejercicio de la plena igualdad de mujeres y hombres en una sociedad socialista.
La legislación cubana contempla un conjunto de disposiciones, que conceden derechos especiales a la mujer en aspectos como Derecho Civil; de Familia; Legislación Agraria y en materia de empleo y de seguridad social.
Las trabajadoras tienen garantizados entre otros, su derecho al empleo, a salarios acordes al rendimiento de su trabajo y a su capacidad técnica e intelectual; a la Seguridad social; a licencia de maternidad pre y post natal y a la protección contra accidentes y enfermedades laborales y comunes, entre otras prerrogativas.
Igualmente, la gratuidad y universalidad de los servicios médicos, acompañados del incremento en cobertura y calidad han contribuido decisivamente a la elevación de los indicadores de salud de toda la población y, particularmente, de la mujer. En este sentido se han desarrollado una serie de programas dirigidos a la mujer con el objetivo de abarcar de manera integral su salud. Entre ellos podrían citarse: el Programa Materno–Infantil; el de detección precoz del cáncer cérvico–uterino; el de detección precoz del cáncer de mamas; el Programa hacia una Maternidad y Paternidad Conscientes; el de Atención al Adulto Mayor (que incluye a la mujer adulta) y el de Prevención de Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA).
La mayoría de estos programas dan prioridad a enfermedades propias de la mujer y a procesos biológicos como el embarazo, la maternidad y el climaterio. Sin embargo cada vez más va prevaleciendo la tendencia a contemplar en ellos y abarcar además aspectos específicos de género, como aquellos referidos a la vida cotidiana de las mujeres que generan agotamiento y estrés; se tiende a tener en cuenta la existencia de factores de riesgo relacionados con sus condiciones de género y se procura involucrar al hombre como es el caso del Programa hacia una Maternidad y Paternidad Conscientes.
A esto habría que agregar –también como objetivos fundamentales de las leyes revolucionarias--, la eliminación de todas las formas de discriminación y explotación por motivos de clase, raza y género.
Así, y a partir del diseño e implementación de leyes revolucionarias se ha llevado de forma consecuente en la Isla una serie de políticas de apoyo, protección y salvaguarda a la mujer, cuyo propósito estratégico ha sido borrar las barreras culturales, ideológicas, psicológicas, económicas y sociales que mantuvieron siempre a las mujeres en condiciones de subordinación, marginación y secular atraso.
Huelgan los comentarios o cualquier eufemismo relacionado con la política real del Imperio con respecto a la salud social y mental de su población femenina. Indescriptiblemente contrastante y lejana a la de este pequeño país. Resulta lastimoso que Barack no incluya la experiencia cubana en su discurso. |