“El dolor se multiplica…”
Mariela Pérez Valenzuela
Colaboradora de Rebelde
15 de Octubre de 2008, 9:00 a.m.
LA HABANA, CUBA.- “No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica. Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen. ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!”.
Así concluyó el máximo líder de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz el histórico discurso pronunciado el 15 de octubre de 1976, en el acto de despedida del duelo de las víctimas del avión de cubana, destruido en pleno vuelo, el 6 de octubre de 1976.
Treinta y dos años han transcurrido desde que el pueblo se reunió aquel inolvidable día junto a Fidel, en la Plaza de la Revolución, para condenar y denunciar el sabotaje a un avión de cubana, que segó la vida de 73 personas inocentes, uno de los tantos actos de terrorismos cometidos contra Cuba, y que todavía hoy permanece inmune.
El 6 de octubre de 1976, pocos minutos después de haber despegado del aeropuerto de Barbados, estalló sobre el mar una nave de cubana de aviación con 73 personas a bordo.
Todos los pasajeros y la tripulación fallecieron a causa de aquel sabotaje organizado por los conocidos asesinos Luís Posada Carriles y Orlando Bosh, quienes andan libres por las calles de Estados Unidos, mientras familiares de las víctimas y el pueblo cubano claman justicia.
“Es inimaginable el drama que tiene que haber significado para los pasajeros y los tripulantes la explosión y el incendio encerrados en una nave aérea a una altura aproximada de 6000 metros”, expresó Fidel ante una multitud que, emocionada y triste, lo escuchaba.
Lo más repugnante de este caso, apuntó, es el empleo de mercenarios que por dinero son capaces de segar en unos segundos 73 preciosas vidas de personas indefensas, con las cuales incluso viajaron minutos antes.
En el grupo viajaban 57 cubanos, entre los que se hallaban el equipo juvenil de esgrima, que regresaba a nuestro país lleno de gloria, 11 jóvenes guyaneses, algunos de ellos seleccionados para realizar estudios de Medicina en Cuba, y cinco ciudadanos de la República Popular Democrática de Corea.
La edad promedio de aquellos jóvenes apenas rebasaba los 30 años.
“Nuestros atletas sacrificados en la flor de su vida y de sus facultades serán campeones eternos en nuestros corazones; sus medallas de oro no yacerán en el fondo del océano, se levantan ya como soles sin manchas y como símbolos en el firmamento de Cuba; no alcanzarán el honor de la olimpiada, pero han ascendido para siempre al hermoso olimpo de los mártires de la patria”, expresó Fidel.
“¡Nuestros tripulantes, nuestros heroicos trabajadores del aire y todos nuestros abnegados compatriotas sacrificados cobardemente ese día, vivirán eternamente en el recuerdo, en el cariño y la admiración del pueblo! ¡Una patria cada vez más revolucionaria, más digna, más socialista y más internacionalista será el grandioso monumento que nuestro pueblo erija a su memoria y a la de todos los que han caído o hayan de caer por la Revolución!”.
Hacia nuestros hermanos guyaneses y coreanos inmolados ese día, expresó, va también nuestro recuerdo más ferviente en estos instantes. Ellos nos recuerdan que los crímenes del imperialismo no tienen fronteras, que todos pertenecemos a la misma familia humana y que nuestra lucha es universal.
El histórico discurso pronunciado por Fidel permanece en la memoria de miles de revolucionarios, que también hoy piden justicia para los Cinco cubanos luchadores antiterroristas prisioneros hace 10 años en cárceles de Estados Unidos. |