¿Sabía usted que, cada cuatro
segundos, una persona muere de hambre en el mundo? Pese a
esta macabra información, las naciones ricas han reducido
significativamente la ayuda a las más pobres y de
los aproximadamente ocho millones de personas que mueren
de hambre al año, cinco son niños, según
estadísticas de la Organización de Naciones
Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO),
a la vez que cuarenta países --especialmente en África
y Asia-- se enfrentan a emergencias alimentarias graves,
que requieren urgente ayuda exterior.
Actualmente,
el hambre aflige a unos 854 millones de personas en el
mundo, contrariamente a los planteamientos realizados (hace
pocos años atrás) en los llamados Objetivos
del Milenio --reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción
de la población que sufre hambre--, el diseño
gráfico del problema Hambre en el Planeta presenta
una curva ascendente desde 2006. Sin embargo, "las
naciones ricas destinan, proporcionalmente a su renta, la
mitad de ayuda que en los años sesenta".
Han
transcurrido más de 40 años desde que
Naciones Unidas presionara a los países industrializados
a destinar el 0,7% de su PIB para ayudar a los más
pobres. Sin embargo, en la actualidad sólo cinco países
--Dinamarca, Luxemburgo, Países Bajos, Noruega y Suecia--
lo han cumplido. En España, pese al crecimiento en
los últimos años, al cierre del 2007 únicamente
se alcanzará el 0,42 por ciento.
En
relación con los Objetivos del Milenio, la propia
FAO ha admitido que no se podrá reducir a la mitad
la pobreza en 2015 y que, al ritmo actual, no se alcanzará este
objetivo hasta por lo menos en el 2150.
Las
Organizaciones No Gubernamentales también han
denunciado que el Objetivo del Milenio de erradicar el hambre
y reducir a la mitad la extrema pobreza para 2015 "va
directamente al fracaso", según confirman datos
publicados por instituciones financieras como el Banco Mundial
y el Fondo Monetario Internacional.
Mas,
el tema del momento continúa siendo para algunos
representantes de naciones ricas –que se vanaglorian
de ser magníficos oradores en tribunas internacionales--,
los consabidos derechos humanos. Enarbolados de forma oral,
pero nunca llevados ni mucho menos ejecutados en la práctica.
Y
con el transcurrir del tiempo…nuevas ideas para
aportar más ganancias a los bolsillos de unos pocos.
Y es así cómo surgen dos problemas acuciantes
en la palestra internacional: el calentamiento global y los
biocombustibles o agrocombustibles.
El
cambio climático del Planeta está generando
consecuencias funestas para la humanidad, incluso, hay quienes
se han atrevido a vaticinar el año 2050 como el comienzo
del fin. Ciertamente, los niveles de contaminación
y emisión de gases están subiendo de manera
continua y ponen en peligro las condiciones normales de vida
para las próximas generaciones. Uno de los efectos
más preocupantes es el rápido descongelamiento
de los glaciares.
Según una investigación publicada por la revista
Science, el cambio climático provocado por la contaminación
podría elevar la temperatura de La Tierra entre tres
y nueve grados en los próximos cien años, una
cifra que parece inofensiva pero que podría derretir
glaciales.
A
la vez, el efecto invernadero provocado por gases mortíferos,
elevaría la temperatura de las aguas del Pacífico,
disparando así los fenómenos del Niño
y la Niña. Eventos naturales que se producen cada
cierto tiempo y que, según expertos, podrían
convertirse en hechos permanentes, afectando gravemente a
la población de los trópicos, especialmente
de Centro y Suramérica.
Por
otra parte los esfuerzos actuales por pasar de los combustibles
tradicionales a los biológicos podrían causar
un incremento de los precios de los alimentos y de la deforestación
a nivel mundial. "Los biocombustibles tendrán
como secuela el hambre. La prisa súbita y mal concebida
de convertir alimentos --como maíz, trigo y azúcar--
en combustibles profetiza un desastre", dijo recientemente
un funcionario de Naciones Unidas.
En
suma, una nueva oleada de millones de hambreados comienza
a surgir en extensas áreas geográficas del
globo, principalmente de América Latina y África.
Se están destruyendo bosques tropicales para sembrar
cultivos destinados a la elaboración de biocombustibles
lo que podría provocar una reducción de las
tierras disponibles para la producción de alimentos.
Cultivos de caña de azúcar, maíz y soya –hasta
la fecha, pues existen otros ya en investigación--,
para la producción de etanol como elemento energético
para los autos de las naciones ricas, especialmente, de Estados
Unidos. Se calcula que para llenar el tanque de un automóvil
con biocombustibles (cerca de 50 litros) son necesarios 200
kilos de maíz, lo que es suficiente para alimentar
a una persona durante un año. Por ejemplo, en un país
como México, donde el maíz constituye el 45%
de los gastos de una familia pobre las tortillas elaboradas
con este producto subieron el precio en más de un
400 por ciento. Asimismo, los llamados acuerdos de libre
comercio ó TLC han destruido la producción
interna, y el país ya pasó de exportador a
importador del referido producto.
En
estas circunstancias se puede entender también
el interés de Washington por lograr un acuerdo reciente
con Brasil, principal productor de etanol en el mundo desde
1975, para aprovechar su tecnología y sus campos de
caña de azúcar. También se comprende
el análisis del Presidente cubano Fidel Castro quien
ha advertido acerca de “la idea siniestra de convertir
alimentos en combustibles”.
En
resumen, ojalá la cordura se imponga más
temprano que tarde en muchos gobernantes pues, hasta el momento,
todo parece indicar que el problema Hambre en el Mundo continúa
siendo un punto más en la agenda de aquellos oradores
de naciones ricas a quienes les causa sumo placer hablar
o dialogar acerca de los consabidos derechos humanos en el
mundo. De seguro, ninguno de sus hijos ha padecido o ha muerto
de hambre. |