El
servicio doméstico constituye la primera actividad
económica para las niñas
Mariela Pérez Valenzuela
Colaboradora de Rebelde
16 de Julio de 2008, 5:40 p.m.
La
Habana, Cuba. - Asistir a la escuela o jugar son actividades
prohibidas para millones de niñas en el mundo,
a quienes se les niega la posibilidad de soñar
con derechos elementales, con frecuencia violentados.
Cuando
aún no logran sostener un objeto pesado, sus
manitas se ensucian con la grasa y el hollín
que limpian mientras trabajan como empleadas domésticas,
con el riesgo de ser tratadas como esclavas o víctimas
de cualquier forma de violencia.
Disímiles
investigaciones coinciden en que a nivel planetario
el servicio doméstico constituye la primera
actividad económica para las niñas menores
de 16 años y también la única
opción que encuentran muchas mujeres para sobrevivir.
Es
una realidad que enfrentan sobre todo las inmigrantes,
que en busca de mejores oportunidades económicas
buscan suerte en otros países, donde terminan
limpiando pisos, discriminadas por su condición
de mujer pobre, y su bajo nivel de escolaridad, aunque
se conoce de casos que aun con un nivel educacional
superior carecen de otra alternativa laboral.
En
su estudio “Esclavos puertas adentro: Las peores
formas de trabajo infantil doméstico”,
la organización Save de Children apunta que
en lo que respecta al trabajo infantil (diseminado
por el mundo), la cuestión de género
es indiscutible, ya que las niñas comienzan
a trabajar a edades más tempranas en labores
del hogar y eso es visto por su propia familia como
parte de su desarrollo como personas.
En
algunas naciones, “el trabajo doméstico
es visto por los padres como una preparación
para el matrimonio, por lo que esta actividad, al
contrario de la mayoría de las demás
formas de trabajo infantil, se considera beneficiosa
y una alternativa válida a la escolarización”.
Save
de Children sostiene que esa es la razón por
la cual las niñas son mayoría en este
tipo de actividad, si bien es cierto que también
se ocupan en la agricultura, la construcción,
las involucran en el millonario negocio de la prostitución
infantil o en otros “trabajos” peligrosos
para su corta edad, como el narcotráfico.
Es
habitual que los menores (hembras y varones) empleados
en el servicio doméstico procedan de familias
de escasos recursos y las edades varíen entre
los seis y 17 años.
Una
investigación desarrollada en el estado brasileño
de Recife arrojó que el 94,5 por ciento de
los menores de 17 años trabajando en la esfera
doméstica eran niñas.
En Guatemala representan el 90,4 por ciento de los
implicados en esa actividad.
“En muchos casos ellas proceden también
de familias monoparentales y es muy frecuente que
las madres fueran trabajadoras domésticas antes
de cumplir los 18 años”, indica esa organización.
Son
historias recurrentes de dolor. Niñas y jovencitas
de bajos ingresos que aspiran a verse sentadas algún
día en un aula y que la vida las obliga a fregar
vajilla o lavar ropa de otros.
Para
Save the Children, la pobreza y su feminización,
la exclusión social, la falta de educación,
la discriminación de género y étnica,
así como la violencia familiar, son algunos
de los factores que inciden en esta tendencia a la
mayor presencia femenina en las labores del hogar
desde edades tempranas.
“La
noción popular de que el trabajo infantil en
el hogar representa una ocupación totalmente
inofensiva ha hecho que las situaciones de abuso y
negligencia hacia estos empleados domésticos
no hayan sido tratadas de una forma preactiva y eficaz”,
denuncia Save the Children.
Agrega
que “como consecuencia de esto, la violencia
a la que se enfrentan estos menores a menudo permanece
oculta e ignorada”.
Alrededor
de 40 millones de infantes trabajan en el servicio
doméstico en todo el mundo. “Muchos de
ellos son auténticos esclavos sin ningún
tipo de derechos”, destaca la Organización
No Gubernamental. Derechos que le son arrebatados,
junto a la posibilidad de soñar con un mundo
más esperanzador.
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