El sentido del triunfo en El Salvador
Joaquín Rivery Tur
Colaborador de Radio Rebelde
17 de Marzo de 2009, 1:45 p.m.
La Habana, Cuba.- El ensayo de todas las truculencias permitidas o no por el sistema electoral salvadoreño no sirvieron para detener la ola de votos que de un tajo cercenó las aspiraciones de la oligarquía de mantener el poder político y continuar eternizándose en un gobierno que no ha resuelto ninguno de los problemas nacionales más acuciantes.
El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) ganó las elecciones presidenciales y con ello un grupo de palancas de administración que permitirán al presidente electo, el periodista Mauricio Funes, hacer por su país mucho de lo que los ricachones de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) ni siquiera ha intentado.
El dominio de los medios de difusión, la movilización de ciudadanos de países vecinos nacionalizados a toda prisa y que eran llevados en ómnibus llenos a El Salvador, ni el apoyo incondicional de Estados Unidos más los dineros de la mafia de Miami lograron detener la marea que se aburrió de los oligarcas y votó por el cambio.
La herencia que reciben Mauricio Funes y el FMLN es macabra debido a la mala administración de los presidentes de ARENA por su apoyo a la peores aventuras de Washington en cualquier parte del mundo (¿quién más envió de América Latina soldados a Iraq?) y por su indolencia en la lucha contra la pobreza y, sobre todo, por la seguridad ciudadana.
Cada ocho días muere un niño víctima de la diarrea y 12 personas perecen por la ola de violencia (cuando asumió el presidente José Antonio Saca hace cuatro años el índice era de ocho asesinatos). Decir Mara Salvatrucha o Mara 18 (las bandas que controlan la ilegalidad y los barrios marginales) es como mencionar a satanás en el país más pequeño de Centroamérica. El Salvador tiene una tasa de 68 homicidios por cada 100 000 habitantes, la más alta del continente.
Funes y el FMLN tienen que gobernar con los mecanismos de una legislación hecha para mantener el poder de los oligarcas, y con un congreso donde no tienen mayoría, aunque son la primera fuerza. Su tarea es de gigantes, pero en ella saben que tienen también la solidaridad de pueblos hermanos.
El triunfo significa cambio. Desde Washington deben estar mirando incrédulos que otro de los incondicionales latinoamericanos se zafó de la cadena imperial y se sumó al tsunami de pueblos latinoamericanos que emprende desde hace algún tiempo la tarea de la independencia verdadera.
Se trata de una victoria que suma más fuerza a la unidad de aquellos que buscan el desarrollo y el bienestar para las grandes mayoría preteridas. En El Salvador para ellas la esperanza nace y en el resto del continente se fortalece. |