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Cambio climático en el planeta
Futuro embargado por el capitalismo depredador
Lídice Valenzuela
Colaboradora de Rebelde
Abril 16, 2008, 10:30a.m.

Por sus extensas llanuras, su concentración de bosques, el oxígeno y las aguas del Amazonas y otra extensa lista de recursos naturales, América Latina se convierte en objeto deseado para las naciones industrializadas, en especial Estados Unidos, cuando comienzan a sentirse los devastadores efectos del cambio climático en el planeta.

Como paradoja, son precisamente los países desarrollados, con Estados Unidos en primer lugar, los que más contaminan a la Tierra debido a los gases que lanzan a la atmósfera, lo cual se revierte en un trastocamiento de los ciclos habituales de la Naturaleza.

Incluso el gobierno de la Casa Blanca ni siquiera suscribió el Tratado de Kyoto, mediante el cual las Naciones Unidas (ONU) intentaron frenar con modestísimas metas el despilfarro del llamado Primer Mundo, para obligarlos a tomar medidas para proteger la capa de ozono y preservar para las futuras generaciones un planeta más sano que el actual.

De ahí la importancia de la reciente Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente de la ONU, preámbulo del 62 período ordinario de la Asamblea General de la ONU, en la cual varios líderes de América Latina, al contrario del  irrespetuoso e inmoral discurso del presidente norteamericano George W. Bush, alertaron sobre los graves peligros a que se expone la Humanidad si no se pone fin a la desatención de los llamados países del Primer Mundo sobre este importante tema que, al parecer, queda fuera de las agendas para proteger sus enormes industrias trasnacionales.

El primero en pronunciarse sobre el dramático cambio que ocurre en el clima a nivel mundial fue el presidente de la Asamblea General de la ONU,  Srgjan Kerim, quien en su discurso señaló que la ironía de la actual situación es que los Estados menos responsables son los que sufrirán más, y llamó a los líderes mundiales a realizar acciones que cambien el actual panorama.

Uno de los presidentes latinoamericanos que hizo el alerta fue el boliviano Evo Morales, quien condenó al capitalismo depredador de afectar el medio ambiente y se refirió a la necesidad de impedir que las naciones industrializadas con sus emisiones de gases tóxicos continúen dañando al planeta.

Para el presidente boliviano, un fenómeno perverso que impulsa el imperialismo norteamericano es la guerra, y alertó que el planeta carece de futuro si se siguen los actuales patrones de consumo capitalista y utilizando miles de millones de dólares en armas de destrucción masiva.

El Ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, se refirió en su intervención a que es muy grave las condiciones del medio ambiente, en relación con cinco lustros atrás y cada vez queda menos tiempo para enfrentar la crítica situación del entorno.

Pérez Roque recordó palabras del presidente Fidel Castro en la Cumbre de la Tierra celebrada hace 15 años en Río de Janeiro, en las que este advirtió: "una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre".

El canciller cubano precisó que sólo un irresponsable podría cuestionar los actuales peligros pues, dijo, "un 30 % de las especies desaparecerá si la temperatura global se incrementa entre 1.5 y 2.5 grados centígrados.

Denunció que los países desarrollados son responsables del 76% de las emisiones de gases de efecto invernadero acumuladas desde 1850, y son los que deben tener el peso principal en la mitigación de estos. Si no cambian, puntualizó, los actuales patrones de producción y consumo insostenible, no se podrá enfrentar esta trágica situación.

América Latina es una de las regiones más castigadas por el cambio climático, el cual se hace sentir cada vez con más peso en otras latitudes, incluida la Europa industrializada.

Así lo refleja el informe El Cambio Climático en América Latina y el Caribe 2006, presentado en Ciudad de México por el Director Regional para América Latina y el Caribe del PNUMA, Ricardo Sánchez Sosa.

Según el documento, "el cambio climático afecta a los países de la región de manera variada. En la región Andina, por ejemplo, se observan en la actualidad cambios y retrocesos en los glaciares mientras que en Argentina se pueden apreciar cambios importantes en los patrones de lluvias. En el Caribe, el impacto se expresa de manera primordial en los cambios en la frecuencia e intensidad de los huracanes que azotan la zona.

Para los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo, la vulnerabilidad se ve acentuada por su particular condición., entre los que cabe resaltar su alta dependencia de una estrecha base de recursos, estar fuertemente sujetos a las fluctuaciones del comercio internacional, la particular sensibilidad a los desastres naturales, la escasez de recursos de tierra.

La tendencia al calentamiento global se confirma por múltiples observaciones. Algunas de las que indican este calentamiento son las siguientes:

En América Latina y el Caribe, los países posiblemente más vulnerables a los fenómenos hidrometeorológicos son los que tienen costas en la cuenca del Caribe.

Otras regiones particularmente vulnerables se encuentran en Sudamérica, particularmente en el noreste brasileño, en las desérticas costas peruanas y chilenas, y en las zonas áridas de Argentina, así como en la región Andina, las cuales son vulnerables a cambios en los patrones climáticos.

El documento afirma que el huracán Mitch en 1998 dejó cerca de 1,2 millones de personas afectadas directamente, entre ellos muertos y desaparecidos, con pérdidas cercanas a los 8,5 mil millones de dólares que, por otro lado, es más alto que el producto bruto doméstico anual combinado de Honduras y de Nicaragua, los dos países más golpeados por el mencionado huracán.

Apreció que "otros desastres del clima incluyen el huracán George, en la República Dominicana (septiembre de 1998), con cerca de 235 muertos y casi 300 mil personas afectadas directamente. En 2004, por ejemplo, el huracán "Charley" dejó graves daños estimados oficialmente en más de 18.500 millones de dólares, que incluyó más de 73.500 viviendas y miles de hectáreas agrícolas afectadas. El huracán Iván a su paso golpeó a Barbados, Trinidad y Tobago, San Vicente y las Granadinas, Granada, Jamaica, Cuba y los Estados Unidos, provocando más de 100 muertos y unos 15 mil hogares destruidos, con miles de dólares también en pérdidas, y que en su conjunto, afectaron la economía regional".

Mucho más reciente, son los estragos causados por Katrina y Stan. El huracán Katrina azotó el sur y el centro de los Estados Unidos en agosto de 2005, produciendo grandes destrozos en La Florida, Bahamas, Luisiana y Misisipi. El Huracán Stan azotó en octubre de 2005, a varios países centroamericanos - en particular a Guatemala y el Salvador y causó al menos 1,620 muertes, un número similar al producido por el Huracán Katrina, y muchos más desaparecidos.".

Hasta aquí parte del informe.

Otros expertos internacionales estiman que los ecosistemas boscosos de muchos países podrían ser afectados por los cambios climáticos proyectados (México, países del Istmo Centroamericano, Venezuela, Brasil y Bolivia). La deforestación de la selva pluvial del Amazonas probablemente impactaría negativamente en el reciclado de la precipitación a través de la evapotranspiración, de modo que las lluvias podrían reducirse marcadamente, dando origen a importantes pérdidas de escurrimiento en áreas dentro y fuera de la cuenca.

A pesar de los peligros que la amenazan, la emisión de gases de efecto invernadero es  baja (aproximadamente el 5% del nivel mundial). Sin embargo, los impactos potenciales futuros del clima y de los cambios en el uso de la tierra podrían ser extensos y costosos para la región.

NUEVOS INTENTOS DE RECOLONIZACION IMPERIAL

Más, a pesar de estos presagios, América Latina y el Caribe, con aproximadamente 560 millones de habitantes, en su gran mayoría pobres y analfabetos, deviene uno de los espacios favoritos para que el capitalismo intente apoderarse de sus recursos naturales que comenzarán a escasear (como el petróleo y el agua) para la supervivencia de sus ciudadanos y sus trasnacionales.

En su esquema de expansión geopolítica, las administraciones norteamericanas, tanto la actual como las futuras, quieren apropiarse de las reservas de tierras cultivables más grandes del mundo, estimadas en 576 millones de hectáreas y equivalentes a casi un 30% de su territorio de 1,995 millones de hectáreas.

Hace pocos años, en Latinoamérica existía el 25% de las áreas boscosas del mundo (unos 964 millones de hectáreas). La proporción de áreas boscosas es mucho mayor que el promedio mundial: un 47% del territorio regional está cubierto de bosques, mientras que en el mundo la proporción es del 30%.

Un 92% del bosque regional se encuentra en Sudamérica, principalmente en Brasil y Perú, que están entre los 10 países del mundo que concentran las dos terceras partes de los bosques mundiales.

La biomasa leñosa de América Latina y el Caribe es la más alta del mundo, superando en 17% el promedio mundial de 109 toneladas por hectárea. El 43% del total mundial se encuentra en Sudamérica, fundamentalmente en Brasil, donde está el 27 % de ese total.

En Brasil, Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela se han identificado 190 mil de las 300 mil plantas vasculares conocidas en todo el planeta (un tercio del total mundial tan sólo en Brasil y Colombia). Estos seis países son parte del grupo de naciones que a escala mundial se han identificado como de "megadiversidad" biológica. En su conjunto, estas naciones albergan entre un 60 y un 70% de todas las formas de vida del planeta.

América Latina y el Caribe forman una región rica en agua. Con sólo un 15% del territorio y un 8,4% de la población mundial, recibe el 29% de la precipitación y tiene una tercera parte de los recursos hídricos renovables del mundo.

Estimaciones actuales indican que América Latina y el Caribe recibe un promedio de mil 556 milímetros de precipitación anual, considerablemente mayor que cualquier otra región del mundo. Los recursos hídricos renovables internos, compuestos por el flujo anual de aguas superficiales y la recarga de aguas subterráneas, alcanzan un total de 13,4 kilómetros cúbicos al año, la tercera parte de los recursos mundiales.

Por habitante, ello representa 27,673 metros cúbicos, casi cuatro veces el promedio mundial. Asimismo, en el subcontinente existe el 11% de las reservas mundiales de petróleo y se produce cerca del 15% del crudo que se extrae a nivel mundial. Cuenta, además, con el 6% de las reservas internacionales de gas natural, grandes reservas de carbón mineral --suficientes para unos 288 años de explotación, lo que la convierte en un territorio de grandes atractivos para la expansión imperialista.

Apropiarse de América Latina y el Caribe es un objetivo estratégico de primer orden para Estados Unidos.

Para ello cuenta con mecanismos de dominio y superexplotación económica, como son los Tratados de Libre Comercio, que vinieron a sustituir a la desacreditada Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), la presencia de los organismos financieros internacionales, y la militarización regional, con nueve bases establecidas y planes, como el Colombia y el Puebla-Panamá, destinado a la rápida movilización de sus fuerzas contra los regímenes democráticos establecidos en la región en los últimos años.

Para que no haya engaños: detrás de cualquiera de estos proyectos hegemónicos se encuentra el interés -y la creciente necesidad - de apoderarse de los potenciales energéticos latinoamericanos.

De ahí la importancia de las advertencias hechas en la ONU por los dirigentes latinoamericanos que, con ojo avizor, han comprendido que el cambio climático es una consecuencia del mal manejo del desarrollo, y que también, para contrarrestarlo, están los proyectos expansionistas del principal culpable de los grandes males que afectan al planeta y sus moradores: los Estados Unidos.

Cabría preguntarse, ¿qué futuro espera a la Humanidad en su conjunto y en particular a los habitantes de esta zona, si llegan a fraguarse los planes norteamericanos?

Esta región espera una respuesta, ya solicitada y reiterada en la ONU y otros foros, por las naciones subdesarrolladas.

De lo contrario, si la geoestrategia imperial llegase a triunfar mediante los planes ya en funcionamiento, América Latina, saqueada durante siglos, perderá el futuro de manera irremediable.

Fuentes utilizadas:

El Cambio Climático en América Latina y Caribe, INFORME PNUMA 2004
Reflexiones del presidente Cubano, Fidel Castro, Condenados a muerte prematura por hambre y sed más de 3 mil millones de personas en el mundo.
El Cambio Climático en América Latina y Caribe, INFORME PNUMA 2004
Conferencias del Dr. Alan Fairlie, representante de la Red Latinoamericana de
Comercio Internacional y de Luis Miguel Sirumbal, Director de Cedal y editor de
Actualidad Económica del Perú,
Los impactos del cambio climático sobre América Latina y el Caribe, CEPAL

   
 
 
 
   
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