La Habana, Cuba.- José Martí, Héroe Nacional de Cuba y principal organizador de la lucha independentista de los cubanos contra el imperio colonial español en su etapa más crucial, defendió la idea de que "La política es el arte de inventar un recurso a cada nuevo recurso de los contrarios, de convertir los reveses en fortuna; de adecuarse al momento presente, sin que la adecuación cueste el sacrificio, o la merma del ideal que se persigue; de cejar para tomar empuje; de caer sobre el enemigo, antes de que tenga sus ejércitos en fila y su batalla preparada".
Los revolucionarios cubanos de hoy, empezando por Fidel y Raúl Castro, se precian de ser martianos, y practican sus ideas en medio de la crisis de los 90 generada para Cuba por el derrumbe de la Unión Soviética y los países socialistas europeos, fue enfrentada por la Isla con la estrategia del "período especial", que condujo a la introducción de un número de políticas que alteraban significativamente muchos aspectos de su estrategia de desarrollo.
La abrupta caída de los intercambios exteriores a causa del desplome de los hasta entonces seguros socios comerciales en el Este de Europa, obligaron a la dirección de la revolución a introducir soluciones a las que no se hubiera apelado en otras circunstancias. El turismo extranjero, que se vislumbraba como fuente de ingresos importante solo después que se hubiera avanzado lo suficiente en otros sectores y resultara dable enfrentar con mayor seguridad los peligros que conlleva para la sociedad esa "industria sin chimeneas", hubo que desarrollarlo aceleradamente en aras de la obtención de recursos en moneda convertible en breve plazo.
Las inversiones de capital, que apenas se estimulaban cuando ellas eran inevitables o sumamente convenientes y seguras, hubo que promoverlas de manera más activa, por los mismos motivos. Ante el déficit de moneda dura fue necesario estimular los ingresos para el país que significaban las remesas de cubanos en el exterior a sus familiares en la Isla. Se abrieron tiendas especiales con una oferta en moneda convertible de mercancías que no estaban incluidas entre las que, subvencionadas por el Estado, se aseguraban para toda la población mediante la libreta de racionamiento. Esa entrega garantizaba a todos el consumo mínimo de subsistencia, pudo mantenerse gracias a las ventas en esas tiendas recaudadoras de divisas convertibles.
Estaba claro para la dirigencia de la Revolución que, al tomar prestadas estas soluciones de mercado como mecanismos de emergencia para obtener el capital necesario para la supervivencia económica del proceso revolucionario, se incurría en graves riesgos en términos de costo político y social de cada una de ellas.
Se actuó, como desde la inspirada acción del Moncada bajo el estímulo de las acertadas ideas martianas. |