Cuba tras ocho años de administración Bush
Aneysi Rodríguez Hernández
Periodista de Rebelde
17 de Noviembre de 2008, 3:30 p.m.
LA HABANA, CUBA.- Apenas le restan dos meses al presidente George W Bush al frente de la Casa Blanca y en el mundo ya celebran que ese periodo de la historia norteamericana toque a su fin. El mandatario dejará a su sucesor Barack Obama un país sumido en la peor crisis financiera de los últimos 70 años, con un legado de guerras en su llamada lucha contra el terrorismo que, lejos de alcanzar la paz mundial, convirtió a la Tierra en un lugar más inseguro.
En estos últimos años, la humanidad conoció de la mano de Bush la prepotencia imperialista, que convocó a intervenciones armadas en Afganistán e Iraq sin esperar por la aprobación de Naciones Unidas. A ello, el país sumó el hostigamiento a estados considerados nocivos para sus intereses por intentar librarse de las ataduras económicas y políticas a las que los tenían sujetos, como son los casos de Irán, Venezuela, Bolivia.
Aunque estas presiones son comunes a la historia cubana de los últimos 50 años, el pueblo y gobierno de la Isla sintió recrudecer el hostigamiento, la guerra económica y la política de bloqueo. Sobre cómo la administración que hoy llega a su fin empeoró aún más las relaciones entre Washington y La Habana, conversamos con Luis René Fernández, subdirector del Centro de Estudios sobre Estados Unidos.
Según Fernández, Bush estableció el compromiso de llevar todo el proceso de acciones contra Cuba hasta el límite de lo posible, pues dadas la propia fortaleza de nuestro país, de su sistema político y de defensa, del apoyo del pueblo a su gobierno, toda acción contra la Isla tiene sus límites. En ese sentido, implementó la famosa comisión presidida por el secretario de Estado y otros funcionarios importantes para aumentar el cerco sobre Cuba.
El Plan Bush, en sus más de 500 páginas, tiene una serie de recomendaciones dirigidas a fortalecer el bloqueo, -explica. Con ello buscaban incrementar las pérdidas para Cuba en un momento en que podía obtener ingresos del comercio internacional y, en menor medida, de su relación con Estados Unidos.
Durante los años previos al ascenso de Bush, y como cumplimiento de una política de dos carriles, Washington mantenía una estructura de bloqueo a Cuba con implicaciones extraterritoriales, pero a la vez, aceptaba cierto tipo de comunicación con el objetivo de influir en nuestra realidad mediante lo que ellos llaman métodos blandos de la política.
Es decir, utilizaban instrumentos de aislamiento y de comunicación, lo que en la administración de William Clinton llamaron la diplomacia pueblo a pueblo. Se aplicaban sanciones para crear dificultades económicas pero al mismo tiempo se trataba de establecer determinado tipo de comunicación.
Esto se reduce notablemente como parte de las recomendaciones del gobierno de Bush, y comienzan a disminuir los viajes de los cubanos residentes en Estados Unidos hacia Cuba. Lo mismo sucedió con los norteamericanos, redujeron el número de categorías, licencias, y posibilidades por las cuales un estadounidense podía viajar a Cuba de manera aceptable para las autoridades de Washington.
Así, los viajes e intercambios académicos quedaron reducidos de manera considerable, con implicaciones colaterales desde el punto de vista económico, pero lo más importante es que desde el punto de vista simbólico también perdieron la posibilidad de influir con lo que algunos teóricos denominan instrumentos blandos, no con la violencia, sino con el encanto y los atractivos de la sociedad norteamericana.
Ocurrió que estos estudiosos se dieron cuenta de que la influencia no era solo de allá para acá, sino de aquí para allá, y que cada vez se hacía más difícil aplicar medidas contra Cuba y aprobarlas en el Congreso cuando se producía este intercambio de personas, pues el pueblo estadounidense tenían un mayor conocimiento y rechazaba la información y los presupuestos emitidos en contra de nuestro país.
Entonces decidieron cerrar la segunda vía. Pensaron que eso iba a crear una situación similar a un periodo especial, una situación crítica por la reducción de ingresos de Cuba. Sin embargo, aunque tiene costos económicos elevados (retrasa el crecimiento), no ha logrado echar para atrás el proceso, desestabilizarlo. Por otra parte, políticos interesados en cambiar nuestra sociedad dicen que esta no es la forma de lidiar con Cuba, porque así el país se comporta como una fortaleza sitiada y se cierra a todo cambio, incluso los que nosotros mismos quisiéramos hacer.
AR.- ¿Qué cree que pudiera suceder ahora con la nueva presidencia de Estados Unidos?
En la actualidad, y más allá del bipartidismo, las élites gobernantes de ese país entienden que hay que cambiar debido a la compleja situación económica y política.
Estados Unidos podría catalogarse como un imperialismo declinante, lo cual no quiere decir que mañana vaya a caerse en pedazos, pero sí está inmerso en un proceso de relativa debilidad, que lo obliga a administrar, a conducir su poderío con mayor concertación y comunicación con los aliados. Y esto es un problema objetivo, es una realidad independiente de Obama y de (John) McCain.
Además, durante los últimos ocho años la administración Bush aplicó un enfoque de derecha extrema, muy reaccionario, unilateralista. Estos son rasgos que siempre había tenido la política norteamericana, pero que aquí se fortalecieron en extremo, con pretensiones de cambiar todo con el uso de la fuerza, con objetivos de política que no tienen capacidad de cumplir, lo cual ha llevado a Estados Unidos a tener una imagen muy afectada.
Hay analistas que plantean que uno de las cosas principales, y probablemente una de las pocas que pueda hacer Obama, y por las cual ha sido tan atractivo en los últimos tiempos dentro y fuera de Estados Unidos, es porque sin ser algo sustancial o esencialmente distinto, introduce la esperanza de que se va a alinear con un país un poco más racional, que actúa con mayor respeto, inteligencia y en definitiva, con mayor efectividad.
Por otro lado, la crisis financiera que comenzó en 2007 y llegó este año a un nivel muy alto, tiene implicaciones para la política en el sentido de que todos esos programas de ayuda que se han ido aplicando, implican enormes gastos de recursos, que se van a sumar al déficit de Estados Unidos. Es decir, el nuevo presidente de la Casa Blanca va a heredar un montón de retos, entre los cuales, nuestro país es una cosa muy pequeña.
En la agenda de Obama no estará Cuba como un problema fundamental, y quizás una de las cosas que podría ser de interés, será llevar la relación a un momento más cercano a lo que se tenía antes de esta administración, que no es un levantamiento de nada, ni un desmantelamiento fundamental, sino la posibilidad de que se incrementen los viajes, que puedan venir un mayor número de migrantes y puedan aumentar las remesas, el intercambio académico, porque se relajen, reinterpreten o cambien las regulaciones que lo prohíben.
¿Qué ocurre? Si este escenario que estamos delineando es cierto, esto va a impactar otras cosas y pudieran introducirse otras medidas que estén asociadas o no a Cuba. Aquí entrarían otros factores que sería muy difícil establecer en detalle. Indiscutiblemente, favorecerán a cualquier cambio positivo, todo el proceso de fortalecimiento de Cuba, la demostrada capacidad del gobierno cubano de perfeccionarse, el buen funcionamiento de nuestra democracia.
Es decir, es una dinámica que no sólo tiene que ver con lo que pasa en Estados Unidos, sino con lo que pasa en Cuba. Depende de las percepciones que tengan sobre nuestra realidad, y no es que cambien los intereses de su política, pues ellos siempre tendrán por objetivo reinsertar a Cuba en su sistema de dominación. Lo que se pudiera lograr es un grado de convivencia en el cual ellos sean capaces de respetarnos, de reconocer la estabilidad y capacidad de existir y progresar de nuestro sistema.
A esto también pudiera ayudar el interés de beneficiarse del intercambio con Cuba, aunque se mantengan para ello una lista de observaciones, de modos de entendimientos, porque además, si apelamos a la historia reciente, descubrimos que Washington desmontó todas las restricciones impuestas a países con sistemas socialistas, uno de los cuales derrotó a Estados Unidos en una guerra que costó miles de bajas norteamericanas, y dejó una huella grande por su trascendencia política y social. Claro, Vietnam ha avanzado, al igual que China, una gran potencia miembro del Consejo de Seguridad, no es lo mismo, Cuba está muy cerca de Estados Unidos, esas son cosas muy objetivas que determinan la diferencia.
Hay otros elementos también alentadores, como la pérdida de influencia de la comunidad cubano americana. Eso va cayendo progresivamente, y por lo tanto, desconecta la relación que lleva a algunos candidatos a comprometerse con ese sector de derecha conocido como la mafia de Miami, representado por políticos que han tenido de alguna manera un monopolio sobre la palabra Cuba en el Congreso y que impiden el avance de resoluciones encaminadas a eliminar alguna parte de esas sanciones. |