La
expresión indica temor, rechazo,
atavismo, y cualquier sentimiento pavoroso en las personas.
Ahora pregúntese usted por qué los diplomáticos
norteamericanos la emplean cuando les hablan de destinarlos
a Bagdad.
El
dilema del Departamento de Estado norteamericano es que
sus diplomáticos no quieren hacer el servicio en la
convulsa nación debido a que pueden caer en manos
de la parca o de Galeno.
Entre
los miembros del personal antidiplomático de
Estados Unidos ha cundido una especie de epidemia para eludir
el país árabe, tal vez recordando que de cuando
en cuando los cohetes caen en la misma Zona Verde donde se
encuentran unas pocas escogidas embajadas.
La
situación ha llegado a tal punto que el Departamento
de Estado advirtió a su personal que pueden ser forzados
a trabajar entre las bombas el año próximo
y les anunció que pronto comenzará a identificar
a candidatos idóneos para laborar en Bagdad y en provincias
aledañas, de acuerdo revelaciones de AP.
En
el 2006 ocurrió lo mismo, cuando los funcionarios
objetaron trabajar en zona de guerra, aunque al final el
Departamento de Estado encontró voluntarios suficientes
para los puestos, no se sabe con qué alicientes.
Pero
a la hora de confeccionar las designaciones del 2009 se
han encontrado con los mismos problemas. Un documento al
respecto indica que “enfrentamos un desafío
cada vez mayor de oferta y demanda en el ciclo del personal
en el 2009”.
La
lista de candidatos que se confeccionará comprenderá a
diplomáticos con las habilidades especiales que se
requieren en Iraq, como conocer la lengua árabe y
tener un conocimiento profundo del Medio Oriente.
Quizás desde ahora comiencen algunos a desligarse
del tema y de la zona para no entrar en la competencia de
los que deciden el envío, sobre todo después
de que se divulgara la noticia sobre un estudio científico
revelador de que 300.000 veteranos de las guerras en la zona
padecen depresión profunda o estrés postraumático
al regresar a Estados Unidos, y otros 320.000 sufrieron lesiones
cerebrales.
Según Terri Tanielian, colíder del proyecto
e investigadora, “esos hombres y mujeres que han servido
a nuestra nación en Iraq y Afganistán enfrentan
una grave crisis de salud” y “a menos que reciban
una atención adecuada y efectiva para estas afecciones
a la salud mental, habrá consecuencias a largo plazo
para ellos y para la nación”.
Los
resultados coinciden con varios informes sobre salud mental
oficiales, aunque el Departamento de Guerra no ha revelado
el número
de gente a la que ha diagnosticado o que recibe tratamiento
por problemas mentales.
Los
registros del Departamento de Veteranos indican que 120.000
efectivos que se desempeñaron en las dos guerras
y que no están más en filas han recibido diagnóstico
de problemas de salud mental.
A
Cheney, Bush y compañía nada de eso les
interesa. |