La
Habana, Cuba.- “Ex oficiales de alta
graduación de la antigua Unión Soviética
y de Estados Unidos que trabajaron durante años en
los silos de lanzamiento nuclear intercontinental han planteado
que, cuando permanecían frente a un panel de control
durante cuatro horas llegaba un momento en que igual importaba
apretar un botón que otro, además de que el
aburrimiento y el stress los transformaba en personas totalmente
insensibles ante la capacidad lógica y normal de discernimiento…Igualmente
les ocurría en relación con los hábitos
rutinarios para el cumplimiento de misiones”.
Así destacó recientemente el doctor Carlos
Pazos Beceiro, Co-Presidente de la Internacional de Médicos
para la Prevención de la Guerra Nuclear, en conferencia
de prensa convocada por la Asociación Cubana de Naciones
Unidas (ACNU).
Si
existe algo en común en todos los seres humanos
es su capacidad de errar, por lo que las posibilidades que
han existido en el mundo para el desencadenamiento de una
conflagración mundial como consecuencia de un error
humano han sido enormes, de lo cual se desprende que la falibilidad
humana es sumamente peligrosa si se tiene en cuenta tal posibilidad.
Al
respecto el doctor Pazos Beceiro citó como ejemplo
el caso de un Coronel estadounidense especializado en armas
estratégicas, quien explicó a medios de prensa
cómo durante el transcurso de los últimos años
había ocurrido “la desmovilización de
unos 20 mil efectivos de armas nucleares de su país
por problemas de drogadicción...Y que esta cifra asciende
ya a casi mil 200 anuales”.
Las
consecuencias de las armas nucleares sobre la salud han
sido devastadoras y lo continúan siendo. Ejemplo
de ello es la producción nuclear que, en la década
de los 90 del pasado siglo, dejó como saldo entre
100 y 200 millones de toneladas métricas de residuos
de uranio y más de 400 mil toneladas métricas
de uranio empobrecido, además de miles de kilómetros
de superficie terrestre altamente contaminada. Tan sólo
los accidentes nucleares fueron innumerables, como consecuencia
de la manipulación de sustancias radioactivas, accidentes
aéreos, por traslado de misiles, o por millones de
emisiones atmosféricas.
La
incidencia de enfermedades como el cáncer ha sido
extraordinaria en todos estos años. Al respecto, el
especialista cubano significó que “el índice
de casos de cáncer del pulmón del personal
norteamericano que trabaja en las minas de uranio es cinco
veces superior a la tasa nacional de esta enfermedad en Estados
Unidos”.
Otro tema muy relacionado con el desarrollo actual de la
carrera armamentista es el incremento de las pruebas nucleares.
“Comparadas a las lanzadas en las ciudades japonesas
de Hiroshima y Nagasaki y teniendo en cuenta su capacidad
de contaminación atmosférica, las pruebas nucleares
realizadas hasta la fecha equivalen a unas 30 mil bombas
atómicas”, aseguró para agregar seguidamente
que, “como resultado de las pruebas nucleares subterráneas
ya se han vertido en la superficie terrestre más de
tres mil 800 kilogramos de plutonio”.
Dicho
elemento, inexistente de forma natural, es el resultado
artificial de los reactores nucleares y tiene una acción
altamente destructiva en el tejido humano.
El
doctor Pazos Beceiro ahondó en las llamadas pruebas
nucleares invisibles concebidas, en la ciudad norteamericana
de California hace algunos años, en el programa Stockpile
Stewardship Program: Livermore National Laboratory: “Dichas
pruebas tuvieron una inversión inicial de unos 260
millones de dólares y, actualmente, superan los mil
millones de dólares”, dijo para destacar seguidamente
que el número de personas en el mundo --principalmente
niños, personas discapacitadas y prisioneros de guerra,
entre otros--, víctimas de las pruebas nucleares se
eleva a más de 1 135 millones y, por accidentes nucleares,
a cerca de 1 200 hasta la fecha”.
Es
bueno recordar que el presupuesto bélico de Estados
Unidos superó los 451 000 millones de dólares
en el 2007, con un alto por ciento utilizado en el incremento
de la carrera armamentista nuclear… En suma, está probado
que a cualquier apologista, técnico, científico,
jerarca militar o alto funcionario de la Administración
de la Casa Blanca le da igual apretar un botón que
otro, pues para nada importa la supervivencia humana. |