Tenía buena puntería el soldado rubio y de ojos azules. El mando norteamericano no dio su nombre, pero su puntería quedó probada al atravesar las balas de su arma el ejemplar del Corán que había elegido como blanco.
No fue una casualidad. El mercenario oficial (los soldados que combaten en Iraq lo hacen por una paga y ventajas personales, sin contar aquellos contratados por empresas privadas) sentía el odio visceral hacia todo lo musulmán que le habían inoculado en la mente los poderosos medios de difusión masiva y sus gobernantes con su política de inculcar terror a la población.
Cuando tuvo que hacer su práctica de tiro, escogió un ejemplar del libro sagrado de los mahometanos, pensando que con ello podría destruir una cultura antiquísima, sin saber en su ignorancia los aportes hechos por los musulmanes a la humanidad.
No contento con ello, escribió en los restos del libro algunas palabras que los que profesan el Islam no pueden tolerar.
El problema para Estados Unidos fue que le hecho trascendió. Los iraquíes lo conocieron y ya no podía faltar siquiera la protesta oficial de un gobierno colocado donde está por las tropas estadounidenses.
Como se trata de una ofensa mayor a toda una cultura, no solamente a los iraquíes, Bush se tuvo que disculpar ante una llamada telefónica de Al Maliki, su primer ministro en Bagdad, que debe de estar maldiciendo al que divulgó el incidente.
La promesa de Washington fue llevar el soldado a los tribunales, pero no se brindó su nombre, lo que hace sospechar que la situación no va a ir muy lejos en la justicia norteamericana, que absuelve tranquilamente a los policías asesinos de negros.
No creo que se trate de una casualidad. En los últimos tiempos en Estados Unidos ha habido una campaña muy fuerte para denigrar a todos los extranjeros que tienen la piel un poco más oscura, y no se salva nadie del racismo. Es tan malo andar con aspecto hindú, como asiático o latinoamericano. En otros tiempos los blancos del Ku Klux Klan. |