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Los niños merecen una vida mejor
Los niños merecen una vida mejor
Mariela Pérez Valenzuela
Colaboradora de Rebelde
22 de Mayo de 2008, 2:45p.m.

Mientras los niños cubanos poseen suficientes razones para ser felices, millones sufren hoy en el mundo los flagelos de la guerra, el hambre, la violencia doméstica, la explotación laboral, e incluso las enfermedades de adultos, como el SIDA.

A pesar de la preocupación de organismos internacionales y de algunos Gobiernos por hacer de la infancia la etapa más feliz de la vida de las personas, en la mayoría de las naciones los chicos son las víctimas de un Planeta en el que reina la desigualdad humana y social.

Son millones los pequeños que amanecen a diario, en distintas partes del mundo, escarbando en basureros o pidiendo para comer, picando piedras o lavando vidrios de los automóviles, prostituidos o huérfanos del SIDA.

Se calcula que en África, en el 2003, unos 43 millones habían perdido a sus padres a causa de esa mortal enfermedad, cifra que podría elevarse a 50 millones en el 2010.  

En los inicios del siglo XXI, es muy triste la realidad de cientos de millones de infantes, expuestos a todo tipo de crímenes sociales.

En América Latina, 80 mil menores de 18 años fallecen cada año, según estadísticas de la UNICEF, Organismo de las Naciones Unidas para la Infancia, cuando tal situación puede ser evitable.

La casi totalidad de los niños pobres viven en países del llamado Tercer Mundo, amenazados de morir a causa de enfermedades prevenibles, como resultado de la ausencia de agua potable y saneamiento adecuado. Ellos son olvidados, invisibles ante los ojos de gobiernos insensibles y una sociedad que evita reconocerlos como uno de los graves problemas heredados de políticas económicas equivocadas, corrupción y falta de voluntad política.

Estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que más de 10 millones de niños menores de cinco años mueren cada año en todo el mundo por dolencias curables como la neumonía para las cuales existen tratamientos y medicamentos.

Expertos de las Naciones Unidas y los Centros estadounidenses de Control de las Enfermedades (CDC), sostienen que se necesitarían 2,5 millones de dólares para la prevención de la malaria, muy por debajo al gasto anual en comida para mascotas, que asciende cada año a 17 millones de dólares entre Estados Unidos y Europa.

Trabajar para ayudar a la economía familiar es otro de los dilemas que sufren los niños, alejados de los sueños infantiles para enfrentarse a la necesidad de la sobrevivencia. 

Un informe del 2006 de la UNICEF indica que de los casi 218 millones de niños mayores de cinco años de edad que laboran en el planeta, casi el 70% de ellos lo hace en labores agrícolas, el 22% en el sector de los servicios y el 9% restante en la esfera industrial.

Alrededor de dos millones atrapados en conflictos armados están sometidos también a la explotación sexual y actos de violencia física, además de ser empleados como combatientes o cocineros.

En América Latina es común verlos lustrando zapatos, contratados como empleados domésticos y durmiendo en la calle abrigados en las frías noches con papel periódico o cartón. Muchos de ellos son indígenas,  afrodescendientes o discapacitados.  A este sombrío panorama se añade que el tráfico de menores se ha convertido en un lucrativo negocio mundial, que mueve unos 8 000 millones de dólares en el mundo.

Pero esta forma de vida no es exclusiva de los niños de los países pobres. Según Naciones Unidas, en las naciones ricas, unos 50 millones de infantes viven por debajo del nivel de pobreza.

Se calcula que unos 500 mil laboran en la agricultura en Estados Unidos, sin protección legal, muchos de ellos procedentes de familias hispanas emigrantes.
En ese país 13 millones residen con uno de sus padres, que viven como indocumentados y aunque algunos de los pequeños son ciudadanos estadounidenses, el temor a que se conozca la condición de sus progenitores conlleva a que no participen de ciertos programas sociales por miedo a ser discriminados o sufrir otras consecuencias dado el estatus migratorio de los adultos.

Aunque increíble, más de la mitad de los nacimientos ocurridos en los países pobres no se registran, lo que conlleva a que más de 50 millones sean ignorados como ciudadanos, según la UNICEF.

El destino de muchos pequeños está trazado desde que nacen, fundamentalmente el de las niñas a causa de la discriminación entre géneros.  De ahí que para la UNICEF eliminar esas diferencias y promover la autonomía de las mujeres “tendrá consecuencias profundas y positivas sobre la supervivencia y el bienestar de la infancia”.

   
 
 
 
   
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