En
una de las cartas de José Martí a
su amigo puertorriqueño Sotero Figueroa, subrayó las
raíces más profundas de su humanismo cuando
le comentó que en caso de cuidar un horno para darle
de comer a todos, solicitaría la oportunidad de ser
su principal celador, para que cuando alguien levantara la
idea de no entregarle un pan a alguien que supuestamente
no había aportado algo, se levantaría con furia
contra tal injusticia.
Así pensó José Martí y toda
su obra está plagada de elementos éticos que
ponen a pensar en nuestros días ante disímiles
problemas. No es el aspecto de no incorporarse al trabajo
tan útil por parte de todos los brazos de una sociedad
para llevarla a su altura más generosa, sino la posibilidad
que a ningún político se le ocurriera la posibilidad
de no dar a alguien en caso de no recibir directamente de
ellas. Esas ideas de máximo humanismo están
presentes en la Cuba de hoy donde la educación y la
salud son bienes universales disfrutados por todos.
Con
tal fundamento Martí definió en su idea
sobre la república el ideal máximo de con todos
y por el bien de todos. La idea para él estaba muy
clara, ella debía favorecer, viabilizar, ayudar y
contribuir a que en su contenido por siempre estuviera presente
la espiritualidad de todos y cada uno de sus hijos, es decir
el concepto de cubanos a partir del cual se agregó el
de la patria cubana.
Las
ideas martianas sobre las secuelas en el hombre del trabajo
servil de épocas anteriores, esperaba se fueran
eliminando con la educación desde la niñez
en los huertos escolares y las lecciones cotidiana de entrega
de toda la sociedad sin discriminaciones. Consideró además
que toda acción dentro de una república que
no prodigue mejores campos para el desarrollo de la vida
de los obreros y los campesinos debe ser criticada. Bajo
el mismo cielo las transformaciones deben ser más
generosas para todos los cubanos aseveró en disímiles
de sus páginas.
El
Maestro sabía que la nueva tarea ética
no era fácil camino, pero por ella habló también
del gobierno y aseguró en su trabajo “Los pobres
de la tierra”: “En un día no se hacen
repúblicas, ni ha de lograr Cuba, con las simples
batallas por la independencia, la victoria a que, en sus
continuas renovaciones, y lucha perpetua entre el interés
y la codicia y entre la libertad y la soberbia, no ha llegado
aún, en la faz del mundo, del genero humano.”
La
adarga martiana por la ética estaba sostenida
por el mismo vigor de sus más altos pensamiento político.
Ese esa el camino para amar a todos con idéntico valor
que a sí mismo dentro de la gran obra social y patriótica
para todos los tiempos. |