En Holguín no hay tiempo para los lamentos
Texto y fotos: Aroldo García
Corresponsal de Rebelde
26 de Septiembre de 2008, 10:25 a.m.
HOLGUÍN, CUBA.- En solamente una frase extraída del contexto principal de una reciente reflexión del Comandante Fidel Castro Ruz se sintetiza cómo ha sido posible la positiva transformación, cuando aún no transcurrieron veinte días del devastador paso por esta región de Cuba del tristemente célebre huracán Ike. ...¨valga que en Cuba tenemos una Revolución¨...
Quienes vimos desde el aire, o caminando entre los escombros en que se convirtieron miles de viviendas holguineras, y también escuelas, centros de servicios, tendidos eléctricos y telefónicos, industrias, parques, y otras instalaciones de todo tipo, no imaginábamos lo que ahora se comprueba aquí.
En medio de la tensión, aún latente, por la necesidad de darle la mayor prontitud posible a la recuperación, son noticias realmente alentadoras.
Ya al ochenta por ciento del territorio holguinero llega restablecida la electricidad. Téngase en cuenta que Holguín es una de las provincias grandes de Cuba, con ocho de sus municipios seriamente afectados por el meteoro.
Es la titánica labor, durante muchas horas diarias, desde el amanecer hasta bien entrada la noche, de linieros y otros especialistas de varias provincias, algunos incluso, con serias afectaciones en sus propias viviendas, la mayoría alejados de sus familiares desde hace varias semanas pues antes también colaboraron con la restauración eléctrica en el occidente del país, pero todos con la exacta convicción de su altísima responsabilidad social.
En este resultado la rehabilitación de las redes y el funcionamiento de los llamados ¨grupos electrógenos emergentes¨ resultan decisivos.
Hoy se mantienen situaciones todavía complejas que no permiten en plazos cortos la restauración eléctrica en Banes, Gibara, Mayarí, y varios poblados aislados de los municipios por donde pasó la fuerza descomunal de Ike. Se trata de aquellos lugares donde quedaron completamente destruidas las líneas principales de transmisión y distribución y los trabajos a realizar son de una mayor envergadura.
No obstante, para tales sitios también se implantan alternativas, y además, se priorizan las acciones, pues se cuenta con todos los recursos materiales necesarios.
En relación con las viviendas, que en la provincia de Holguín cerca de ciento treinta mil quedaron entre totalmente destruidas o con algún grado de destrucción, la labor también es descomunal.
Hasta el momento se han logrado rehabilitar unas catorce mil trescientas, siempre a partir del sabio criterio de arreglar primero las que menos problemas presentan, principalmente, en parte de sus techos.
En Banes, por donde precisamente entró a Cuba el Ike, y donde se registraron rachas sostenidas mayores a doscientos kilómetros por hora, la fuerza del viento barrió o dejó casi en escombros, más de diecinueve mil inmuebles, de veintiséis mil que se totalizan en la ciudad. Allí se han restañado las heridas a más de dos mil casas. En otros territorios como Antilla, Gibara, Moa, Santa Lucía, y Fray Benito también avanza la reconstrucción teniendo en cuenta el continuo arribo de materiales, techos, madera, cemento, acero, y puntillas que el Estado Cubano ha liberado urgentemente de sus reservas.
Los escombros, troncos y ramas de árboles y otros desechos sólidos recogidos en la provincia ya se acercan a la extraordinaria cifra de un millón de metros cúbicos, o sea, más de tres veces lo que se promedia en la recogida anual de desechos en Holguín. Hay muchos lugares que hoy ni siquiera parece que haya pasado un huracán.
Ahora, por ejemplo, solo la falta casi completa de árboles, la mayoría convertidos en leña luego de sus estrepitosas caídas, delata lo pasado en las bellas plazas públicas que valen a Holguín la denominación de Ciudad Cubana de los Parques.
Esas son las noticias, las alentadoras noticias de una región de Cuba por donde la fuerza de la naturaleza quiso desaparecer hasta a las piedras, pero donde la firmeza de su pueblo, amparado y sostenido por la no menos firme Revolución, no la derriban ni la fuerza de diez huracanes como el Ike.
Sencillamente en Holguín ahora no hay tiempo para los lamentos. |