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Funcionarios narcotraficantes en el paraíso de Miami
Joaquín Rivery Tur
Colaborador de Radio Rebelde
web@radiorebelde.icrt.cu
26 de Noviembre de 2009, 11:00 a.m.
La Habana, Cuba.- El comentario a la noticia lo hace un individuo que se hace llamar Babalaoo, y nada más.
El individuo reaccionó de manera furibunda a la información de que el asistente del defensor de oficio del condado de Miami-Dade Joseph J. Imperato fue sorprendido por autoridades federales norteamericanas vendiendo la droga química que responde al nombre de Oxycodone a un agente encubierto.
Ante la grave falta de que un funcionario público se dedique al tráfico de drogas sintéticas o naturales para aumentar sus ingresos, el firmante Babalaoo envió al The Miami Herald el siguiente comentario:
“¿Qué hace falta en Miami, FL?
LO HE DICHO VARIAS VECES: En Miami, FL las autoridades federales van a tener que cerrar a Miami, FL con todo el ejército y ocupar los puestos claves por agentes desde los dos alcaldes hasta el jefe de la policía. Todos están corruptos y el gobierno de los Estados Unidos debe tomar parte en este entierro”. (sic)
Bueno. En primer lugar es difícil discutir con este señor que parece tener conocimiento de lo que ocurre en las esferas gubernamentales de su condado y tiene un convencimiento cementado por la experiencia. Tiene razón cuando dice “Todos están corruptos”, de una forma u otra.
Ahí tiene usted el caso de Carlos Álvarez, alcalde de Miami desde 2004, puesto que alcanzó gracias a una campaña en la que prometió una revolución en el gobierno local y declaró a una emisora: “La gente quiere saber si alguien está haciendo tremendo trabajo o tremenda porquería”.
Si yo me dedico a enumerar todo lo que hizo en contra de sus propias promesas electorales, estas líneas estarían cubiertas de porquería, por utilizar su propio término.
Un comentarista dice de él que “ha demostrado ser caótico, demagógico, arrogante… un caso insólito”.
El exorbitante aumento de salarios en el círculo íntimo de sus asesores en tiempos de austeridad y despidos masivos de empleados municipales fue la gota que rebosó el vaso del descaro.
Las acusaciones fueron creciendo, el escándalo se infló como pan con levadura y Álvarez reconoció públicamente a regañadientes que había fallado, “pero sin ninguna malicia”.
El antiguo jefe de la policía no tardó en graduarse como “político profesional” y terminó por disminuir el nivel de vida de los residentes de Miami, que ahora encaran menos servicios públicos y más impuestos. Exactamente lo contrario de lo que había prometido.
Babalaoo tenía todo el derecho del mundo al hacer su comentario escueto y tajante.
En el ayuntamiento Álvarez concede aumentos a la elite del gobierno condal, cuyos salarios superan a los de los funcionarios en Washington. Si se retiran, son contratados nuevamente, de manera que reciben dos cheques. Una galaxia completa de corruptos.
Los aumentos desmesurados de sueldo no entran en la categoría de ilegalidades, aunque lo sean. No hay nada ilegal, pero sí todo es inmoralidad. Por eso Imperato prefiere vender Oxycodone, tan inmoral como lo que hacen las autoridades de Miami. |