Una
corte de apelaciones federal estadounidense anuló el jueves la condena
a muerte de Mumia Abu Jamal, figura emblemática
de la lucha internacional contra la pena capital y contra
la justicia racista norteamericana, pero confirmó la
culpabilidad del acusado en el supuesto asesinato de un policía
en 1982.
Aunque
se han presentado numerosas pruebas contra la actuación
de los fiscales, del juez y los jurados, la corte de apelaciones
de Filadelfia no anuló el veredicto de culpabilidad
de Abu Jamal.
La
decisión continúa teniendo un corte racista
contra este luchador de los derechos de los negros en Estados
Unidos que lleva más de 25 años en el corredor
de la muerte, pues mantener la supuesta culpabilidad de Mumia
significa que la acusación debe presentarse nuevamente
ante un jurado para obtener una condena a muerte; de lo contrario,
la pena será automáticamente conmutada en prisión
perpetua.
Ahora
la decisión queda en mano de los fiscales que
ya pidieron una vez la pena de muerte que lograron.
Es
decir, que si hay o no un nuevo proceso depende de aquellos
que pedían su cabeza basando la acusación en
elementos muy circunstanciales que nunca probaron en realidad
la autoría de Mumia Abu Jamal.
A
lo largo de esos años se han presentado numerosas
evidencias que descalifican la actuación de los policías.
Entre ellas se encuentran numerosas fotos tomadas por un
profesional que llegó minutos después de los
disparos que provocaron la muerte del policía en 1982
y que revelan las atrocidades cometidas por los agentes.
Entre otras cosas, se manejó también que las
balas que impactaron al agente muerto no procedían
del arma de Mumia Abu Jamal, quien se ha hecho famoso por
su larga estadía en el corredor de la muerte por su
espíritu de lucha y de superación y por numerosos
libros y artículos de prensa que ha escrito.
Al
periodista y activista de la plena igualdad de los negros
la policía no le perdona las denuncias frecuentes
de corrupción en los cuerpos represivos norteamericanos
y es actualmente el más conocido de 3.500 condenados
a muerte en cárceles de Estados Unidos.
Su
defensa ha presentado argumentos de peso para que la justicia
anule la declaración de culpabilidad emitida
por un jurado amedrentado y compuesto fundamentalmente por
ciudadanos blancos, lo que llevó al convencimiento
de que realmente fue condenado por el color de su piel y
por presiones policiales.
Su
carrera periodística en su Filadelfia natal comenzó a
los 14 años, a fines de los años 60, para a
informar sobre la violencia policial contra la comunidad
negra de la ciudad.
En
1881, cuando murió el policía Daniel Faulkner
en un episodio sumamente confuso, Abu-Jamal también
trabajaba como taxista. Luego de intentar defender a su hermano
de la golpiza del agente, el activista se vio envuelto en
un tiroteo, del que salió herido en el pecho.
La
condena fue muy singular, porque las supuestas balas que
segaron la vida del policía racista no salieron
del arma de Abu Jamal que dieron muerte a Faulkner, y que
no existen informes técnicos que lo confirmen. Pero
fue condenado a muerte por negro.
Además, toda una serie de fotos tomadas por un profesional
minutos después del suceso demuestran que la actuación
de los agentes fue deplorable y no tuvieron en cuenta los
reglamentos en el manejo de la situación. No servían
para inculpar, pero los fiscales los usaron y desecharon
las fotos que fortalecían la tesis de la inocencia.
La
prisión afirmó sus principios y se mantuvo
activo como periodista a pesar de la condena, sus artículos
se publican en periódicos y sitios web de todo el
mundo y también produce una columna de radio que concluye
siempre con la misma frase: "Desde el corredor de la
muerte, soy Mumia Abu-Jamal."
Las
pésimas condiciones de vida en el corredor de
la muerte de Pennsylvania son de las peores frente a los
otros 34 estados donde existe la pena capital. Los 228 condenados
están 23 horas diarias en pequeñas celdas solitarias.
Los obligan a usar grilletes fuera de la celda, incluso en
las duchas. Se les prohíbe el contacto físico
hasta con los familiares que los visitan.
Escribe
sin parar porque, según él mismo: "Realmente
vivimos tiempos asombrosos, tiempos desafiantes, tiempos
peligrosos, pero también tiempos inspiradores. Tenemos
un gobierno para el cual la tortura es algo estupendo, y
lo dice. Tenemos cárceles secretas, a las que denominan ´sitios
negros´, donde prisioneros de todo el mundo, cuyas
identidades no pueden conocerse, quedan detenidos en nombre
de los Estados Unidos de América. Y que son torturados.
Me siento obligado a escribir porque me emocionan. Me sacuden.
Sería negligente de mi parte no escribir sobre ellos.
Todavía soy un escritor, un periodista. ¿Se
acuerdan lo que sucedió después del 11 de septiembre
de 2001? La mayoría de los periodistas del país
se adherían a la guerra, la apoyaban. Le hacían
una especie de servicio de mimeógrafo al Estado. Y
decidí no asumir esa función." |