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Maestro audio visual
Livhy Barceló Vázquez
Estudiante de Periodismo
6 de Abril de 2009, 12:04 p.m.
La Habana, Cuba.- La misión Robinson fue un programa diseñado por el sistema de educación venezolana, que tuvo como objetivo principal alfabetizar a la nación sudamericano. Para ello, el proyecto contó con la colaboración de maestros cubanos que se unieron para contribuir al enriquecimiento cultural del pueblo bolivariano.
Miguel Suárez Arnauto, Licenciado en Matemática y Computación, nos cuenta su experiencia en este proyecto que a decir de él, fue un reto en su carrera como pedagogo.
-¿Cómo llegó a la misión Robinson?
La master en ciencias Aida Terrero me propuso participar en el proyecto como asesor. De esta manera formé parte del equipo de creación. Cuestiones ajenas al proyecto incidieron en que los profesores designados para impartir las clases no pudieran realizar el trabajo, por esa razón pasé a ocupar otras responsabilidades dentro del programa de alfabetización.
-¿Qué motivaciones le hicieron aceptar la propuesta?
El reto de lo nuevo. Superar y llevar a la práctica lo que aprendí en la carrera y defender la estrategia que utilicé cuando dirigí un departamento de ciencias en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas, Vladimir Ilich Lenin. Además de tener la posibilidad de enseñar a miles de personas en un corto periodo de tiempo.
-¿Cuál fue la estrategia utilizada para la conformación de las tele clases?
Cuando llegué al proyecto, había un programa estructurado, o sea, estaban seleccionados los contenidos que iban a ser impartidos durante el curso. Tratamos de perfeccionar el plan desde una perspectiva metodológica y didáctica, basándonos en las corrientes pedagógicas contemporáneas como: el histórico cultural y el constructivismo.
Sin embargo, hubo que reestructurar la metodología, a raíz del primer contacto que tuvimos con los colaboradores cubanos en Venezuela, conocimos que las condiciones materiales y logísticas existentes en ese momento no eran las mejores, por lo cual adecuamos el programa a las nuevas condiciones, centrando la estrategia en el constructivismo.
Por último incluimos un manual que sirviera como guía para memorizar los principales conceptos y procedimientos que fueran abordados a través de todo el curso.
-Asesoró, impartió las clases, revisó el producto final y elaboró el manual junto con los guiones. ¿Cómo pudo asumir esa responsabilidad de manera satisfactoria?
Soy perseverante, por eso asumí el desafió. Conté con la ayuda de Aida Terrero en la confección de los guiones, pues ella tenía experiencia en libretos de alfabetización confeccionados para la Radio. También me auxilió el equipo de realización del Canal Educativo 2 en cuanto a mí desplazamiento por el set de grabación. Otro elemento que incido, fue la forma en que organicé el trabajo para poder realizar correctamente las diferentes funciones.
-¿Cuánto le aportó este proyecto a su experiencia cómo educador?
Muchísimo, tuve la posibilidad de impartir la asignatura de computación, elaborar guiones para la televisión y documentarme sobre cosas que hasta ese momento eran desconocidas para mí, tanto en la informática como en la conformación de programas. Participar como maestro dentro del sistema de enseñanza no presencial y colaborar con este noble propósito, trajeron a mi vida sensaciones placenteras vinculadas a mí realización profesional.
- ¿Qué es más difícil, impartir un curso presencial o no presencial?
El curso no presencial es complejo, porque la elaboración de los materiales lleva mucho más tiempo y precisión. Tienes que formularte las respuestas, las preguntas y hasta las posibles dudas que posean los educandos, incluso debes de prevenir los tiempos que el alumno puede tardar en entender y ejecutar los ejercicios orientados, además de mantener una comunicación que tenga al alumno motivado.
-Participó en el I Congreso Internacional de Alfabetización y Pedagogía 2005 ¿Puede brindar alguna anécdota de esa experiencia?
Fue el primer evento internacional de educación en el cual colaboré, lo hice en calidad de invitado y expositor. Allí pude trasmitir mí experiencia ante diferentes profesores de diversas partes del mundo.
Tuve la posibilidad de conocer algo del resultado de nuestro trabajo cuando escuché al ministro de educación de Venezuela, Aristóbulo referirse al proyecto de forma satisfactoria, también, habló de los nuevos proyectos que se estaban desarrollando en su país a partir de los resultados obtenidos.
Estando en el congreso se me acercó un anciano de 87 años para expresarme su motivación por la computación, especialmente los deseos que tenía de navegar en Internet y utilizar el correo electrónico, en ese instante me sentí recompensado pues mi esfuerzo sirvió para devolverle la alegría a muchos hombres y mujeres que jamás pensaron tocar una computadora. |