La educación de las nuevas generaciones
Teresa Valenzuela
Periodista de Rebelde
7 de Julio de 2008, 3:20 p.m.
La Habana, Cuba.- No se exagera al afirmar que la educación de los niños comienza desde el mismo momento en que nacen, cuando comienzan los contactos con la madre, el padre, abuelos y el resto de la familia, lo que confirma la sentencia martiana que : “la educación empieza con la vida y no acaba sino con la muerte".
En la casa se reciben las primeras lecciones de educación moral a través de la manera que el padre trata a la madre, las relaciones entre la madre y la abuela, así como, el trato de los padres a los hijos.
No obstante, hay padres que de forma equivocada creen que sus hijos de edades preescolares aún son pequeños para aprender los hábitos de cortesía, como por ejemplo saludar al llegar a algún lugar, dar los buenos días al levantarse y las buenas noches al acostarse, o las gracias, y pedir algo diciendo antes por favor.
El pedagogo ruso Antón Makarenko afirmaba que en la educación no hay nada insignificante por lo que algo a tener en cuenta es que la formación de los hijos exige una atención constante, ya que cada accionar de los padres significa un aspecto educativo.
La mejor forma de enseñarle normas de cortesía a un niño es a través de los propios padres. Si éstos son corteses entre ellos y con el resto de las personas que les rodean, sin dudas, los hijos también lo serán. Se trata de que lo que se observa en el hogar forma un patrón de vida que de manera espontánea se imita.
Difícilmente pondrá reparos en ir temprano hacia la escuela un niño que ve que sus padres se levantan sin pereza todos los días para asistir al trabajo. Esa es una de las causas del por qué es imprescindible que los padres sean ejemplo en la práctica de todas las formas correctas de la vida.
Otra cuestión que debe de tenerse en cuenta desde los primeros años de vida es el desarrollo de los buenos sentimientos que el más pequeño de la casa comienza a sentir desde el instante que oye hablar a los adultos que no se debe maltratar a los animales, ni romper las plantas, que ven en el rostro de sus padres la piedad ante una persona discapacitada, o cuando disfrutan de algunos regalos de la naturaleza como la llegada de un zun zun o de una mariposa al jardín, por menciona algunos casos.
Una buena medida es motivar a los niños a que realicen buenas acciones como ayudar a cruzar la calle a un invidente, o a un anciano; pedirles que hablen bajo mientras descansa la mamá u otro miembro de la familia; alimentar a un animal abandonado, explicarles que no se deben de matar los pájaros y las lagartijas porque, además de embellecer el entorno, contribuyen al equilibrio biológico.
Los padres devienen orfebres que tienen en sus manos la formación de la personalidad de sus hijos que se forja a cada momento, lo que significa que "Educar no es sólo dar carrera para vivir sino, preparar el alma para la vida", según afirmara el destacado pedagogo cubano José de la Luz y Caballero. |