El sueño de ser maestra
Teresa Valenzuela
Colaboradora de Radio Rebelde
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9 de Septiembre de 2009, 1:30 p.m.
La Habana, Cuba.- Lismayi Avila Núñez es una muchacha de quince años de edad que terminó el noveno en la secundaria básica “Felipe Poey Aloy”, del municipio Plaza de la Revolución en la capital cubana. Alegre, llena de sueños y planes confesó sentirse feliz.
Sin embargo, esa no es la única razón que llena de alegría el corazón de la jovencita, existe otra por la que ha recibido la felicitación de sus maestros y compañeros de escuela: decidió ser maestra general integral. Muy pronto comenzará a cumplirse su sueño de ser maestra al matricular en uno de los institutos preuniversitarios pedagógicos de Ciudad de La Habana.
Ella es una de los 2 000 egresados de esa enseñanza que manifestaron su disposición a integrar las filas del magisterio en la capital. A continuación el diálogo que sostuve con ella:
P: ¿Desde cuándo quieres ser maestra?
L: "Desde pequeña me gustó enseñar a mis amiguitos lo que yo sabía, por eso poco a poco se me desarrolló la vocación y debo decir también que desde hace algún tiempo en la propia secundaria básica, a menudo mis profesores conversaban conmigo sobre la importancia e interesante que resultaba enseñar a otros y formarlos para que fueran útiles a la sociedad y a ellos mismos".
P: ¿No es muy apresurada esta decisión?
L:"Estoy segura que no, ya que di un paso hacia delante por algo que me gusta mucho, por desarrollar más los conocimientos que tengo sobre la enseñanza, y desde ahora se que eso me hará dichosa la decisión tomada. En ocasiones anteriores les he impartido a mis compañeros de aula determinadas materias y he sentido la felicidad de sentir que les he dado una parte buena de mi que los ayudará en la vida".
P.? Cómo recuerdas a tus maestros?
L. "Como personas muy preparadas, buenas y cariñosas que me inculcaron a ser cada día mejor y a querer a mi país; por eso todos los días practico lo que ellos me enseñaron, de ser una niña educada y dar el paso al frente por lo que necesite la Revolución".
Sin tener que indagar mucho en la memoria Lismayi recuerda, además, los nombres de sus maestros Rafaela Vargas, Ángela y Luis Orlando: sus profesores más queridos de séptimo, octavo y noveno grados."Todos fueron un ejemplo a seguir y nunca escatimaron esfuerzos a la hora de que comprendiéramos las asignaturas que impartían".
P: Cómo quisieras que te recordaran tus alumnos?
L: "Como una buena maestra que le inculcó valores y los condujo por un buen camino. A ese buen propósito dedicaré la mayor parte de mi vida".
Sin duda alguna, Lismayi tomó la mejor de las decisiones; ser maestra para como dijera José Martí, el más universal de los cubanos: labrar el alma de sus alumnos. |