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A cada uno le toca su tiempo
Teresa Valenzuela
Colaboradora de Radio Rebelde
web@radiorebelde.icrt.cu
17 de Diciembre de 2009, 10:45 a.m.
La Habana, Cuba.- Hay momentos que perduran en la mente para siempre. Nancy Sánchez, de Ciudad de la Habana, recuerda con nostalgia cuando en 1960 sus padres no le dieron permiso para incorporarse al primer llamado del contingente de maestros voluntarios que llevó la luz del saber a los lugares más apartados de la Isla.
Evoca la tristeza que la embargó en esos momentos, pero reconoce ahora al cabo de los años, que era una época donde la mujer sufría de muchos prejuicios sociales a los que se le sumaron su corta edad y el hecho de ser única hija. Sin embargo -dice- al realizarse unos meses después una nueva convocatoria, “le pedí ayuda a mi abuela para llenar la planilla de solicitud y ella me apoyó para que realizara mi sueño de enseñar a leer y a escribir a quienes resultaron víctimas de la mayor injusticia durante muchos años en Cuba”.
Nancy rejuvenece al recordar la alegría que la embargó al recibir luego de tres meses de adiestramiento, el certificado de manos del Presidente Cubano Fidel Castro que la autorizaba como maestra voluntaria a impartir docencia en cualquier lugar del país.
“La primera misión fue en Pinar del Río donde preparamos a los jóvenes alfabetizadores que protagonizaron la epopeya de la alfabetización; resultó una experiencia inolvidable ya que tuve alumnos que, siendo aún unos niños, no dudaban en llevar adelante la tarea de enseñar”.
¿Recuerdos que perduran?
No vacila al mencionar el cambio que percibía en las personas que aprendían a leer y a escribir, quienes de pronto descubrían un mundo nuevo para ellos y, por tanto, se interesaban por continuar su superación; “eso me impresionó mucho durante los cinco años que trabajé como docente en las zonas montañosas de difícil acceso y resultó totalmente nuevo para mí, que ya tenía definida mi vocación de maestra”.
Cuenta que después de regresar a La Habana para terminar los estudios de bachiller le pidieron que regresara de nuevo a la provincia de Pinar del Río para trabajar como docente en la primera escuela de capacitación de los trabajadores cubanos donde permaneció durante tres años.
Al preguntarle su opinión sobre las nuevas generaciones de maestros que hoy transmiten conocimientos y amor a sus alumnos en las aulas de las diferentes enseñanzas contesta con entusiasmo: “A cada uno le toca su tiempo, y ellos como entonces hicimos nosotros, hoy dan el paso al frente. Como maestra voluntaria que fui me siento orgullosa de ellos”. |