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Ricardo Alarcón de Quesada, Presidente del Parlamento Cubano. Foto de archivo  
  Miozotis Fabelo Pinares
Miozotis Fabelo Pinares
Corresponsal de Radio Rebelde
web@radiorebelde.icrt.cu

200 años de intentos anexionistas
15 de Mayo del 2009, 11:24 a.m.

Camagüey, Cuba.- La agresión anexionista de los Estados Unidos contra Cuba, tiene una larga historia: mucho antes de que nacieran los padres fundadores de la nacionalidad cubana, ya en el Norte planeaban apoderarse de la Isla, explicó Ricardo Alarcón de Quesada, Presidente del Parlamento Cubano, en magistral clase de historia ofrecida recientemente en esta ciudad.

“Todavía  las antiguas Trece Colonias no habían iniciado su expansión hacia el Oeste; aún La Florida era  parte del imperio español, y ya el Presidente  de los Estados Unidos, Thomas Jefferson,  en un documento oficial, en noviembre de 1805, declaró su propósito de apropiarse de Cuba, y lo reiteró dos años después,  y volvió sobre el tema en  1809, en un mensaje a su sucesor James Madison, e insistió en la idea hasta 1820”.

Thomas Jefferson fue el autor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, uno de los hombres de pensamiento más avanzado entre los fundadores de la nación norteamericana: pero con  respecto a Cuba fue un anexionista, el primer anexionista. Murió soñando con el día en que las fronteras de los Estados Unidos llegaran hasta el límite sur del Archipiélago Cubano.

“Hace 200 años no existía el imperialismo norteamericano, ni siquiera podía hablarse de Estados Unidos como una gran nación que se extendiese de un océano al otro. Estaban entonces muy lejos del Pacífico, apenas cruzaban los Montes Apalaches, La Florida era española; La Luisiana, desde el Golfo hasta Canadá, pertenecía a Francia;  y todo el Oeste, hasta el Pacífico, era español; pero para Jefferson era muy importante incorporar la Isla de Cuba a aquel país que apenas surgía.”

No habían nacido los hombres que se alzaron en La Demajagua,  y ya sobre Cuba pesaba  la amenaza de anexión.

En la Casa Blanca, se discutió el tema de la anexión, en numerosas reuniones entre  1822 y 1823, y durante todo el Siglo XIX, buscando el mejor modo de hacer de Cuba  una colonia norteamericana.  La estrategia contemplaba, en primer lugar “mantener el dominio español sobre las islas de Cuba y Puerto Rico, a la espera de las  condiciones propicias para que Estados Unidos cayera sobre ambas”; hecho que José Martí denuncia, cuando habla sobre los propósitos de la Guerra Necesaria, “… para impedir que caigan con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América…”

Y para lograr el empeño anexionista, desde mucho antes de que Martí condenara  la política yanqui, presionan a las nuevas Repúblicas Latinoamericanas, y conspiran  contra Simón Bolívar y se oponen a la propuesta bolivariana, en el Congreso Anfictiónico, de “liberar a Las Antillas”. Lo proclamó abiertamente el Presidente  John Quince Adams,  en un mensaje al Congreso de los Estados Unidos, el 15 de marzo de 1826, el que fue respaldado por el Órgano Legislativo diez días después, en un insolente documento, al decir de Ricardo Alarcón de Quesada, Presidente del Parlamento Cubano: “en el que llegaron a afirmar que el Castillo del Morro se puede considerar como una fortaleza en la boca misma del Missisipi”

Estados Unidos apoya a España frente a cualquier intento de liberar a Cuba.  Esa política la expuso de modo inequívoco el  Secretario de Estado, Forsyth,  en las  instrucciones a su Encargado de Negocios en Madrid, el 15 de julio de 1840: “Está usted autorizado para asegurar al Gobierno Español que en caso de que se efectué cualquier tentativa, de donde quiera que proceda, para arrancar de España esta porción de su territorio, puede él contar confiadamente con los recursos militares  y navales de los  Estados Unidos, para ayudar a su nación, así para recuperar la Isla, como para mantenerla en su poder.”

El Ejército español y sus fuerzas navales, tuvieron siempre el apoyo material y logístico para combatir al Ejército Libertador, impedir su avance hacia Occidente, bloquear las costas cubanas y frustrar las expediciones de apoyo  al movimiento revolucionario. Mientras Washington daba todas las facilidades a los colonialistas españoles, perseguía con saña, amenazaba e insultaba, a la emigración patriótica, y reprimía cualquier intento de apoyar la rebelión desde territorio norteamericano.

Esa conducta fue desenmascarada en 1870 por Carlos Manuel de C�spedes, primer Presidente de la República en Armas: “Por lo que respecta a Estados Unidos, en mi concepto, su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación, y entretanto, que no salga del dominio de España. Siquiera sea para constituirse en poder independiente; este es el secreto de su política y mucho me temo que cuanto haga o  proponga sea para entretenernos  y que no acudamos en busca de otros amigos más eficaces y desinteresados”.

“Nunca -enfatiza Alarcón de Quesada-, el Presidente, ni el Congreso de los Estados Unidos, hicieron caso  a las  incontables peticiones a favor del reconocimiento de la República en Armas, a su derecho a la independencia y a la beligerancia. Lo reclamaron oficialmente las autoridades y los órganos legislativos de varios Estados de la Unión Americana; pero la oligarquía yanqui ignoró los mensajes  y finalmente en 1898 intervino en la guerra de los cubanos, para robarle al pueblo su victoria, ocupar militarmente el país, y pisotear la Constitución.”

“La intervención yanqui de 1898 es considerada como la primera guerra imperialista, y Cuba, su víctima, cumplía para esa fecha, casi un siglo de  resistencia frente a la voracidad del enemigo.”

El engaño y la mentira han acompañado la política anti-cubana a lo largo de la historia: quienes sostuvieron a los colonialistas y a los esclavistas, trataban de figurar como  ejemplo de libertad; los que se abalanzaron sobre la Isla para frustrar su independencia, pretendieron hacer creer a generaciones de cubanos que ‘eran libres gracias a su ayuda’; quienes aplastaron las instituciones democráticas, que en Guáimaro tuvieron  cuna, y e impusieron un nuevo vasallaje y tiranías corruptas, se han arrogado el cínico papel de supuestos defensores de la  democracia.

Pero desde 1959, cuando finalmente el pueblo de Cuba logra su independencia, Washington desata su ira contra el pueblo, e impone una guerra económica que aún perdura, “con el propósito expreso de matar por hambre”.

Con esta historia de 200 años de afanes anexionistas, ¿podremos creer ingenuamente, que la política de Estados Unidos hacia Cuba ha cambiado?

   
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