Fidel hace un análisis
de los acontecimientos posteriores a la muerte del
fundador del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo)
que llevaron al golpe de Estado del 10 de marzo de
1952, y de cómo denunció las intenciones
de Batista antes y después de producirse el
golpe. Asimismo incluye una valoración crítica
del movimiento ortodoxo después de la muerte
de Chibás, que había hecho en aquel
entonces. Otros artículos de Fidel Castro
Cuando leí en Granma el artículo del
compañero Hart al conmemorar esa fecha, se
menciona un párrafo del discurso que pronuncié
el 16 de Enero de 1959 en el Cementerio de Colón,
a los ocho días de mi llegada a La Habana después
del triunfo. Me trajo muchos recuerdos de los heroicos
compañeros caídos. Pensaba en Juan Manuel
Márquez, brillante orador martiano y Segundo
Jefe de la fuerza expedicionaria del "Granma";
en Abel Santamaría, sustituto en el mando si
yo caía en el ataque al Cuartel Moncada; Pedro
Marrero, Ñico López, José Luis
Tasende, Gildo Fleitas, los hermanos Gómez,
Ciro Redondo, Julio Díaz y prácticamente
todos los miembros del numeroso contingente de jóvenes
artemiseños que cayeron en el Moncada o en
la Sierra. Sería interminable la lista. Todos
procedían de las filas ortodoxas.
El primer problema a resolver era Batista en el poder.
Con Chibás vivo no habría podido dar
el golpe de estado, porque el fundador del Partido
del Pueblo Cubano (Ortodoxo) lo observaba de cerca
y metódicamente lo ponía en la picota
pública. Muerto Chibás, era seguro que
Batista perdería las elecciones que debían
realizarse el 1º de junio del año 1952,
dos meses y medio después del golpe de estado.
Los análisis de opinión eran bastante
precisos y el rechazo a Batista crecía constantemente,
día tras día.
Yo estaba en la reunión donde se eligió
al nuevo candidato ortodoxo, más como atrevido
que como invitado. Ingresaría en el Parlamento,
donde lucharía por un programa radical. Nadie
habría podido impedirlo. Se rumoraba entonces
que yo era comunista, palabra que despertaba muchos
reflejos sembrados por las clases dominantes. Hablar
entonces de marxismo-leninismo, e incluso en los primeros
años de la Revolución, habría
sido insensato y torpe. En aquel discurso ante la
tumba de Chibás hablé de forma que se
comprendiera por las masas las contradicciones objetivas
que nuestra sociedad enfrentaba en aquel entonces,
y aún tiene que enfrentar.
Me comunicaba todos los días a través
de una estación local de radio ubicada en la
capital y con mensajes enviados directamente a decenas
de miles de electores espontáneamente inscritos
en el Partido Ortodoxo. Además lo hacía
con toda la nación a través de las ediciones
extraordinarias del periódico Alerta durante
varios lunes casi consecutivos, con las denuncias
probadas de la corrupción del gobierno de Prío
formuladas entre el 28 de enero y el 4 de marzo de
1952. Pude intuir y profundizar las intenciones golpistas
de Batista. Lo denuncié a la dirección
y les pedí utilizar la hora dominical que tenía
Chibás para hacerlo. "Investigaremos",
me respondieron. Dos días más tarde
comunicaron: "Hemos indagado por nuestras vías
y no existe indicio alguno." Pudo evitarse el
golpe y no se hizo nada. Ya Chibás, meses antes,
a duras penas pudo impedir "un pacto sin ideología",
como él lo calificara, entre ortodoxos y el
antiguo Partido Revolucionario Cubano (Auténtico).
La mayoría de las direcciones provinciales
apoyaron tal pacto. El sistema económico imperante
facilitó que en casi todas las provincias,
la oligarquía y los terratenientes se apropiaran
de la dirección. Solo una fue leal, la de la
Capital, con gran influencia de intelectuales radicales
en la dirección. Consumado el golpe y cuando
más se necesitaba la unión, el papel
de la oligarquía fue dejar la masa mayoritaria
del pueblo a merced del viento imperialista. Yo seguí
con mi proyecto revolucionario, en el que esta vez
la lucha, desde su propio inicio, sería armada.
El día que Chibás, cuyo cadáver
fue velado en la Universidad de La Habana, iba a ser
enterrado, propuse a la dirección ortodoxa
dirigir aquella enorme masa hacia el Palacio Presidencial
y tomarlo. Me había pasado toda la noche respondiendo
preguntas de los reporteros radiales y preparando
los ánimos del pueblo para acciones radicales.
Nadie en la Universidad les prestaba atención
a las radioemisoras aquella noche. Había un
gobierno desorganizado y lleno de pánico, un
ejército desmoralizado y sin ánimos
para reprimir a aquella masa. Nadie habría
resistido.
Al conmemorarse el primer aniversario de la muerte
de Chibás, escribí una proclama cuyo
título fue: "Zarpazo", impresa en
mimeógrafo seis días después
del golpe traidor. A continuación su texto:
¡Revolución
no, Zarpazo! Patriotas no, liberticidas, usurpadores,
retrógrados, aventureros sedientos de oro y
poder.
No fue un cuartelazo contra el Presidente Prío,
abúlico, indolente; fue un cuartelazo contra
el pueblo, vísperas de elecciones cuyo resultado
se conocía de antemano.
No había orden pero era el pueblo a quien le
correspondía decidir democráticamente,
civilizadamente y escoger sus gobernantes por voluntad
y no por la fuerza.
Correría el dinero a favor del candidato impuesto,
nadie lo niega, pero ello no alteraría el resultado
como no lo alteró el derroche del Tesoro Público
a favor del candidato impuesto por Batista en 1944.
Falso es por completo, absurdo, ridículo, infantil,
que Prío intentase un golpe de Estado, burdo
pretexto, su impotencia e incapacidad para intentar
semejante empresa ha quedado irrebatiblemente demostrada
por la cobardía con que se dejó arrebatar
el mando.
Se sufría el desgobierno, pero se sufría
desde hace años esperando la oportunidad constitucional
de conjurar el mal, y usted Batista que huyó
cobardemente cuatro años y politiqueó
inútilmente otros tres, se aparece ahora con
su tardío, perturbador y venenoso remedio,
haciendo trizas la Constitución cuando sólo
faltaban dos meses para llegar a la meta por la vía
adecuada.
Todo lo alegado por Ud. es mentira, cínica
justificación, disimulo de lo que es vanidad
y no decoro patrio, ambición y no ideal, apetito
y no grandeza ciudadana.
Bien estaba echar abajo un gobierno de malversadores
y asesinos, y eso intentábamos por la vía
cívica con el respaldo de la opinión
pública y la ayuda de la masa del pueblo ¿Qué
derecho tienen en cambio a sustituirlo en nombre de
las bayonetas los que ayer robaron y mataron sin medida?
No es la paz, es la semilla del odio lo que así
se siembra. No es felicidad, es luto y tristeza lo
que siente la nación frente al trágico
panorama que se vislumbra. Nada hay tan amargo en
el mundo como el espectáculo de un pueblo que
se acuesta libre y se despierta esclavo.
Otra vez las botas; otra vez Columbia dictando leyes
quitando y poniendo ministros; otra vez los tanques
rugiendo amenazadores sobre nuestras calles; otra
vez la fuerza bruta imperando sobre la razón
humana. Nos estábamos acostumbrando a vivir
dentro de la Constitución, doce años
llevábamos sin grandes tropiezos a pesar de
los errores y desvaríos. Los estados superiores
de convivencia cívica no se alcanzan sino a
través de largos esfuerzos. Ud. Batista acaba
de echar por tierra en unas horas esa noble ilusión
del pueblo de Cuba.
Cuanto hizo Prío de malo en tres años,
lo estuvo Ud. haciendo en once. Su golpe es pues,
injustificable, no se basa en ninguna razón
moral seria, ni en doctrina social o política
de ninguna clase. Sólo halla razón de
ser en la fuerza, y justificación en la mentira.
Su mayoría está en el Ejército,
jamás en el pueblo. Sus votos son los fusiles,
jamás las voluntades, con ellos puede ganar
un cuartelazo, nunca unas elecciones limpias. Su asalto
al poder carece de principios que lo legitimen; ríase
si quiere, pero los principios son a la larga más
poderosos que los cañones. De principios se
forman y alimentan los pueblos, con principios se
alimentan en la pelea, por los principios mueren.
No llame revolución a ese ultraje, a ese golpe
perturbador e inoportuno, a esa puñalada trapera
que acaba de clavar en la espalda de la República.
Trujillo ha sido el primero en reconocer su gobierno,
él sabe quiénes son sus amigos en la
camarilla de tiranos que azotan la América,
ello dice mejor que nada el carácter reaccionario,
militarista y criminal de su zarpazo. Nadie cree ni
remotamente en el éxito gubernamental de su
vieja y podrida camarilla, es demasiada la sed de
poder, es muy escaso el freno cuando no hay más
Constitución ni más ley que la voluntad
del tirano y sus secuaces.
Sé de antemano que su garantía a la
vida será la tortura y el palmacristi. Los
suyos matarán aunque usted no quiera, y usted
consentirá tranquilamente porque a ellos se
debe por completo. Los déspotas son amos de
los pueblos que oprimen y esclavos de la fuerza en
que sustentan la presión. A su favor lloverá
ahora propaganda mentirosa y demagógica en
todos los voceros, por las buenas o por las malas,
y sobre sus opositores lloverán viles calumnias;
así lo hizo Prío también y de
nada le valió en el ánimo del pueblo.
Pero la verdad que alumbre los destinos de Cuba y
guíe los pasos de nuestro pueblo en esta hora
difícil, esa verdad que ustedes no permitirán
decir, la sabrá todo el mundo, correrá
subterránea de boca en boca en cada hombre
y mujer, aunque nadie lo diga en público ni
la escriba en la prensa, y todos la creerán
y la semilla de la rebeldía heroica se irá
sembrando en todos los corazones; es la brújula
que hay en cada conciencia.
No sé cuál será el placer vesánico
de los opresores, en el látigo que dejen caer
como caínes sobre la espalda humana, pero sí
sé que hay una felicidad infinita en combatirlos
en levantar la mano fuerte y decir: ¡No quiero
ser esclavo!
Cubanos: Hay tirano otra vez, pero habrá otra
vez Mellas, Trejos, y Guiteras. Hay opresión
en la patria, pero habrá algún día
otra vez libertad.
Yo invito a los cubanos de valor, a los bravos militantes
del Partido Glorioso de Chibás; la hora es
de sacrificio y de lucha, si se pierde la vida nada
se pierde, "vivir en cadenas, es vivir en oprobio
y afrenta sumido. Morir por la patria es vivir."
Fidel Castro.
Al no ser publicado este irreverente artículo
— ¿quién se atrevería?—,
fue distribuido en el Cementerio de Colón por
amigos y simpatizantes ortodoxos el 16 de marzo de
1952.
El 16 de agosto de 1952 se publicó en el periódico
clandestino El acusador un artículo titulado
"Recuento crítico del P.P.C. (Ortodoxo)",
firmado con un seudónimo del autor: Alejandro.
Ya que hice una valoración crítica de
aquel partido, me pareció conveniente incluir
este análisis:
Por encima del tumulto de los cobardes, los mediocres
y los pobres de espíritu, es necesario hacer
un enjuiciamiento breve, pero valiente y constructivo
del movimiento ortodoxo, después de la caída
de su gran líder Eduardo Chibás.
El formidable aldabonazo del paladín de la
Ortodoxia, dejó al Partido un caudal tan inmenso
de emoción popular que lo puso a las puertas
mismas del Poder. Todo estaba hecho, solo era necesario
saber retener el terreno ganado.
La primera pregunta que debe hacerse todo ortodoxo
honrado es esta: ¿Hemos engrandecido el legado
moral y revolucionario que nos legó Chibás...,
o, por el contrario, hemos malversado parte del caudal...?
Quién crea que hasta ahora todo se ha hecho
bien, que nada tenemos que reprocharnos, ese será
un hombre muy poco severo con su conciencia.
Aquellas pugnas estériles que sobrevinieron
a la muerte de Chibás, aquellas escandaleras
colosales, por motivos que no eran precisamente ideológicos,
sino de sabor puramente egoístas y personales,
aún resuenan como martillazos amargos en nuestra
conciencia.
Aquel funestísimo procedimiento de ir a la
tribuna pública a dilucidar bizantinas querellas,
era síntoma grave de indisciplina e irresponsabilidad.
Inesperadamente vino el 10 de Marzo. Era de esperar
que tan gravísimo acontecimiento arrancara
de raíz en el Partido las pequeñas rencillas
y los personalismos estériles. ¿Acaso
fue totalmente así...?
Con asombro e indignación de las masas del
Partido, las torpes querellas volvieron a relucir.
La insensatez de los culpables no reparaba en que
la puerta de la prensa era estrecha para atacar al
régimen; pero en cambio muy ancha para atacar
a los propios Ortodoxos. Los servicios prestados a
Batista con semejante conducta no han sido pocos.
Nadie se escandalizará de que tan necesario
recuento se haga hoy, en que le ha tocado el turno
a la gran masa, que en silencio amargo ha sufrido
estos extravíos y ningún momento más
oportuno que el día de rendir cuentas a Chibás
junto a su tumba.
Esa masa inmensa del P.P.C. está puesta de
pie, más decidida que nunca. Pregunta en estos
momentos de sacrificio...: ¿Dónde están
los que aspiraban... los que querían ser los
primeros en los puestos de honor de las asambleas
y los ejecutivos, los que recorrían terrritorios
y hacían tendencias, los que en las grandes
concentraciones reclamaban puesto en la tribuna, y
ahora no recorren territorios, ni movilizan la calle,
ni demandan los puestos de honor de la primera línea
de combate...?
Quién tenga un concepto tradicional de la política
podrá sentirse pesimista ante este cuadro de
verdades. Para los que tengan, en cambio, fe ciega
en las masas, para los que creen en la fuerza irreductible
de las grandes ideas, no será motivo de aflojamiento
y desaliento la indecisión de los líderes,
porque esos vacíos son ocupados bien pronto
por los hombres enteros que salen de las filas.
El momento es revolucionario y no político.
La política es la consagración del oportunismo
de los que tienen me dios y recursos. La Revolución
abre paso al mérito verdadero, a los que tienen
valor e ideal sincero, a los que exponen el pecho
descubierto y toman en la mano el estandarte. A un
Partido Revolucionario debe corresponder una dirigencia
revolucionaria, joven y de origen popular que salve
a Cuba.
Alejandro.
Más adelante creamos una estación radial
clandestina que hiciera lo que después hizo
Radio Rebelde en la Sierra. En relativamente poco
tiempo, mimeógrafo, emisora y lo poco que teníamos,
cayó en manos del ejército golpista.
Entonces aprendí las reglas rigurosas a las
que debía ajustarse la conspiración
que nos llevó al ataque del Moncada.
Próximamente se publicará un pequeño
volumen con dos ideas fundamentales que fueron condensadas
en dos discursos: el de Río de Janeiro en la
Cumbre de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo
hace más de 15 años y el que pronunciara
en la conferencia internacional Diálogo de
Civilizaciones hace dos años y medio. Recomiendo
a los lectores analizar bien ambos documentos. Ruego
me excusen por este anuncio comercial, pero gratuito.
Fidel Castro Ruz
Agosto 25 del 2007
6:32 p.m.