Declaración de la Casa de las Américas
Mientras al otro lado del mundo el gobierno de los Estados Unidos viste su mejor traje de gendarme mundial con la pretensión de rendir a bombazos a Irán, de este lado prefiere de momento la opción presuntamente diplomática.
Bajo el ridículo y pomposo nombre de «Escudo de las Américas», el patrón ha reunido en sus posesiones privadas -cuando ya ni siquiera la OEA y la Cumbre de las Américas le resultan útiles- a un grupo de jefes de Estado y de Gobierno hemisféricos para ratificar la Doctrina Monroe 2.0 y exigir vasallaje.
A falta de otros nuevos, ha regresado con viejos argumentos: en primer lugar, el de la guerra contra las drogas, gastada fórmula para intervenir en los países del área, de nula eficacia en la eliminación del narcotráfico, y, en segundo lugar, el de detener la influencia maligna entre nosotros de potencias extrahemisféricas, ocurrencia traída del más rancio monroísmo y del lenguaje de la Guerra Fría.
No había mejor ocasión ni contexto que esos para que el amo repitiera sus amenazas contra Cuba, seguro de que la fruta madura finalmente caerá en el regazo imperial. Envalentonado con la criminal incursión en Venezuela y con sus supuestos triunfos en Medio Oriente, cree que podrá lograr, mediante el acoso y el estrangulamiento de la Isla, lo que no consiguieron las catorce administraciones norteamericanas precedentes, incluido su primer mandato.
Sabemos que los títeres de Trump serán barridos más temprano que tarde por los pueblos que dicen representar. El propio Trump será expulsado de la Casa Blanca por el pueblo estadounidense. La Revolución Cubana, en cambio, seguirá venciendo, contra viento y marea, todas las dificultades y amenazas. Y, con ella, se mantendrá firme el ideal latinoamericanista y caribeño, bolivariano y martiano, de Fidel y de Chávez, que vencerá a vendepatrias y lacayos y a sus amos.
Ha querido el azar que esta «pequeña cumbre reaccionaria y neocolonial», como la denominó el presidente cubano, coincida con el año del bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá organizado por Bolívar para consolidar la unión de los pueblos que Martí llamaría de Nuestra América. Ese sueño de dos siglos ha chocado entonces y ahora con las ambiciones de dominación imperial y con la complicidad e intereses de las oligarquías regionales, empeñados en aplastar nuestra secular resistencia. Nunca como en este aniversario parecen más necesarios y proféticos los versos de Neruda: «Bolívar despierta cada cien años, cuando despierta el pueblo».
La Habana, 8 de marzo de 2026
