Hay poemas magníficos, de esos que no tienen cómo escapar de la perfección. Poemas logrados, dueños de un equilibrio absoluto entre el decir y los modos de hacerlo, que dejan atónitos a los doctos y a ciertos lectores.
Hay otros, no tan fastuosos, que no gozan de una complejidad compositiva; poemas que algunos creen, aunque no sea cierto, que cualquiera puede escribir; poemas que, ante el experto, no clasifican como grandes obras; y, sin embargo, viven en el alma de los pueblos, ganando adeptos de generación en generación. A esta clase pertenece Mi bandera, escrito por el poeta matancero Bonifacio Byrne, nacido el 3 de marzo de 1861, hace ya 165 años.
Para recordarlo en esta fecha, es válido repasar su vida, marcada por dos altas virtudes: la de poeta y la de patriota. A su alma de bardo llegaron los ecos de la guerra libertaria de 1968, que había arrancado en Cuba cuando contaba él con apenas siete años. En el 95, cuando estalla la Guerra Necesaria, su voz lírica, que ya había dado frutos, abandonará los tonos modernistas, para ofrecerse al servicio de la causa redentora.
Su condición de humanista raigal lo condujo hacia el periodismo y en pos del independentismo fundó varios periódicos. Escribió también teatro y narrativa.
No fue Byrne un poeta menor. En el libro Una fiesta innombrable. Las mejores poesías cubanas hasta 1960, según José Lezama Lima, el autor de Paradiso contempló los poemas Los muebles y Harén de estrellas, acompañados de una valoración en la que destaca: «Hay que escindir la producción poética de Byrne en dos corrientes: su poesía patriótica y su otra poesía de excelente poeta modernista».
Lezama asegura que, en la primera, Byrne «llega a convertirse en el poeta de la revolución, en el cantor del separatismo», mientras que en la segunda, reluce un autor modernista «lleno de aciertos, de matizaciones, de riqueza verbal y de cierto intimismo, de una voz secreta que se revela con delicadeza».
El poeta patriota sufrió exilio y desde Estados Unidos continuó colaborando con los ideales revolucionarios. En Tampa, creó el Club Revolucionario, del que sería su secretario; y fue colaborador de publicaciones como Patria, El Porvenir y El Expedicionario.
Byrne regresa a Cuba el 3 de enero de 1899. Mucho se ha hablado del hecho que lo hizo escribir Mi bandera, el poema por el que más se le conoce. «Al volver de distante ribera, / con el alma enlutada y sombría» vio que, al lado de la suya, ondeaba la bandera norteamericana. El triste «espectáculo» tenía lugar en El Morro habanero y ese mismo día escribió, sacando afuera su pesar, Mi bandera.
Cada uno de los versos del poema resultan sentencias definitivas. Más de 120 años han vivido en el alma del pueblo cubano, sin que ninguno de los muchos avatares que marcan nuestra historia haya conseguido debilitar sus mensajes. No en balde Camilo Cienfuegos, en un enardecido discurso, pronunciado ante una gran multitud de personas reunidas frente al Palacio Presidencial, citó la última estrofa, la tantas veces pensada y sentida, que refiere lo que harían incluso nuestros muertos, para defenderla.
«El poema –ha dicho Virgilio López Lemus– se convirtió en un documento en versos, en una protesta viril y a la vez capaz de representar los sentimientos de toda una nación al respecto de lo que dice».
Y apunta también que «Mi bandera ha quedado en la conciencia de la nación como obra popular, porque expresa un latido esencial de una parte mayoritaria del pueblo cubano, que a la vez vive plena de amor hacia la patria, a través de su símbolo esencial, la bandera de la estrella solitaria».
Fallecido el 5 de julio de 1936, Bonifacio Byrne nos legó un clamor colectivo que se hace más fuerte cada vez que una amenaza imperial procura ultrajarla. Por estos días, sus versos resuenan, redondos y audaces, sin que les falte ni les sobre una sola palabra.

Mi Bandera / Bonifacio Byrne
Al volver de distante ribera,
con el alma enlutada y sombría,
afanoso busqué mi bandera
¡y otra he visto además de la mía!
¿Dónde está mi bandera cubana,
la bandera más bella que existe?
¡Desde el buque la vi esta mañana,
y no he visto una cosa más triste… !
Con la fe de las almas austeras,
hoy sostengo con honda energía,
que no deben flotar dos banderas
donde basta con una: ¡la mía!
En los campos que hoy son un osario
vio a los bravos batiéndose juntos,
y ella ha sido el honroso sudario
de los pobres guerreros difuntos.
Orgullosa lució en la pelea,
sin pueril y romántico alarde;
¡al cubano que en ella no crea
se le debe azotar por cobarde!
En el fondo de obscuras prisiones
no escuchó ni la queja más leve,
y sus huellas en otras regiones
son letreros de luz en la nieve…
¿No la veis? Mi bandera es aquella
que no ha sido jamás mercenaria,
y en la cual resplandece una estrella,
con más luz cuando más solitaria.
Del destierro en el alma la traje
entre tantos recuerdos dispersos,
y he sabido rendirle homenaje
al hacerla flotar en mis versos.
Aunque lánguida y triste tremola,
mi ambición es que el Sol, con su lumbre,
la ilumine a ella sola, ¡a ella sola!
en el llano, en el mar y en la cumbre.
Si deshecha en menudos pedazos
llega a ser mi bandera algún día…
¡nuestros muertos alzando los brazos
la sabrán defender todavía!…
Fuente: Granma
