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La noticia en el fiel de la balanza, el sagrado deber de verificar

En el periodismo, como en la vida misma, no basta con escuchar el sonido de una campana; hace falta recorrer el campanario y preguntar quién mueve la cuerda. Lo que hoy llamamos, técnicamente, triangulación de la información, no es otra cosa que la vieja y noble «regla de oro» que nos enseñaron los profesores de la Universidad Central: la ética del contraste.

​En tiempos donde la rapidez digital pretende imponerse a la verdad, conviene recordar que la noticia no es una carrera de velocidad, sino un ejercicio de resistencia y rigor. No se trata solo de acumular datos, sino de ponerlos a dialogar. Es contrastar la fuente primaria con la técnica, y la técnica con la secundaria, hasta que el hecho brille por su propia transparencia.

​Varios expertos con los que coincido lo definen con una claridad meridiana: triangular es el compromiso de señalar de dónde proviene cada palabra para determinar, en medio de la contradicción, cuál es el camino más acertado. Es, en esencia, el respeto sagrado a la verdad.

«Si alguien te dice que te quiere, confírmalo por otra fuente». Parece extremo, pero en esa frase habita la médula de nuestra profesión. No es falta de afecto ni exceso de desconfianza; es la vocación de no permitir que una imprecisión, por muy cercana que parezca, empañe la credibilidad de un medio de difusión.

¿Qué ganamos con este celo casi artesanal? En primer lugar, la solidez del argumento, pues un reporte bien contrastado es un edificio con cimientos de piedra; en segundo, la derrota de la desinformación, ya que en la era de los falsos rumores, la triangulación es nuestra salvaguarda y escudo. Por último y no menos importante, el valor público, porque solo la información veraz sirve realmente al pueblo.

La prisa de los medios hegemónicos es, con frecuencia, una trampa que conduce al error. Sin embargo, el periodista que se detiene a verificar, que busca el tercer punto de apoyo para su historia, es el que realmente cumple con su función social.

Al final, la credibilidad no se regala, se construye cada día en ese fiel de la balanza donde el contraste y la ética se dan la mano para que, cuando la noticia llegue al oído del pueblo, sea tan sólida como el alma misma de nuestra nación.

No nos dejemos engañar por cantos de sirenas.

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