En el Hogar de Ancianos número 3 «Celia Sánchez Manduley» de Santa Clara, el sol ahora es una fiesta. Lo dicen Felicia Aguilar Díaz y José Antonio Capiró, dos de los residentes que han visto cómo la instalación de modernas estaciones fotovoltaicas transformó su día a día.
Escuche y descargue la propuesta radial.
«Duermo más rico con ese ventilador grande —exclama Felicia—. En toda la noche no me despierto. Las demás abuelas de la sala también duermen bien, porque ese ventilador gira para todos lados. Ahora con los paneles solares que se instalaron, usted puede ver seguro el noticiero». Su compañero José Antonio asiente: «Sí, ahora lo vemos y la novela…».
Al borde de sus 90 años, Felicia no pierde la sonrisa: «Muy cariñosas que son las muchachitas aquí. Eso vale mucho, que te traten bien después cuando uno llega a viejo».





El sueño hecho realidad de una enfermera
En esta institución asistencial, la más grande de su tipo en Villa Clara —y la cuarta a nivel nacional—, la instalación de dos modernas estaciones fotovoltaicas (una de ellas donada por el gobierno de Sudáfrica) permite que en salas de estar, dormitorios y exteriores la vida no se detenga.
«Muy contentos porque no pasan calor, pueden dormir con aire, pueden ver el televisor, tienen su agua caliente, sus alimentos…», sostiene Yaimí Pérez Bermúdez, una joven que desde pequeña soñó ser enfermera.

«Cuando llego temprano por las mañanas, les digo buenos días y ellos se alegran. “Ay, qué enfermera más linda”, me dicen, y se ponen contentos cuando nos ven. Nosotros tratamos de que su estancia aquí sea lo más grata posible».
«Siempre me ha gustado esta profesión —confiesa Yaimí—. Desde niña me ha gustado ser enfermera, cuidar a los ancianos; ya forman parte de mi familia también».

Autonomía energética para servicios vitales
El doctor Francisco Diéguez Quesada, director general de Salud en Santa Clara, ponderó en declaraciones a nuestra emisora la importancia de esta inversión.
«Este es un Hogar con una atención especializada las 24 horas, con un personal médico y de enfermería de excelencia. Sus salas para personas con discapacidad física también son grandes. Toda la logística que lleva este centro se veía comprometida por la situación energética, y ahora los paneles han facilitado que todas estas funciones vitales, actividades propias del hogar, se puedan llevar a cabo sin contratiempos».
«Recibimos un primer sistema fotovoltaico donado por Sudáfrica —detalló el doctor Alberto Mena Beitía, director del Hogar de Ancianos Número 3—, que está instalado y le da vitalidad a toda el área de semiinternos, ingreso y observación. Ello ha facilitado que los servicios de farmacia, rehabilitación y cocina tengan cierta autonomía y puedan seguir adelante», subrayó el galeno.

Los dos sistemas solares alcanzan una potencia de 12 kilovatios, lo cual permite a la instalación cierta independencia de la red electroenergética nacional.

El Hogar cuenta con una capacidad aprobada para 158 residentes internos y 40 seminternos. «Contamos con la sala de cuidado subagudo, que es la sala fundamental aquí para todos los procesos —precisó Mena Veitía—. Ese servicio facilita que no tengan que ir a un hospital cuando pueden ser atendidos aquí. Constituye una de las facilidades que nos han dado los paneles solares, y también es vital en los almacenes de farmacia y de alimentos».

«Ahora estamos mejor»: la historia de Pedro Elías
Antes de despedirse del «Celia Sánchez Manduley», Pedro Elías Díaz Montalbán abordó al equipo de prensa en medio del pasillo para contar una historia de amor y esperanza. «Mejor que en mi casa —asegura Pedro Elías—. Todo el mundo es bueno aquí. Las cocineras, las enfermeras, el director, que es una bella persona».
«Desde que cubrieron el techo con paneles, no nos damos cuenta cuando se va la corriente; es increíble lo bien que funcionan esos equipos».
¿Y a quiénes ustedes agradecen eso? «A nuestro país, porque Cuba ha sido humanitaria y ahora otros países nos están ayudando», responde con orgullo.
Pedro Elías destaca también las esmeradas atenciones que recibe: «Aquí es buena la alimentación: siempre tenemos plato fuerte, arroz, vianda, agua fría… ¡tenemos todo! Yo soy diabético y me dan desayuno, merienda, almuerzo, y a las nueve de la noche nos dan leche y pan también. Me inyecto insulina a las nueve de la noche y a las seis de la mañana; me dan mis pastillas a la hora», comenta visiblemente emocionado.
¿Siente que le devuelven todo el amor y el sacrificio que usted ofreció a la sociedad en sus mejores años?
«Claro, hemos guapeado, nosotros sudamos muy duro. Yo comencé a trabajar desde que tenía siete años, era un niño, pero aquí estoy para lo que haga falta»

