La ambición y el poder parecen haber hecho olvidar a algunas potencias las tragedias que acarrean las guerras, la oscuridad y el horror que a su paso dejan, las muertes y las heridas, las cicatrices en cada sociedad.
A día de hoy, la humanidad se hunde en tensiones e incertidumbres, a la par que escalan, unos tras otros, conflictos entre Estados. Solo una certeza se tiene, y no estamos los seres humanos en posición de ignorarla: convivir en paz es una urgencia mundial.
Las agresiones a países soberanos, el recrudecimiento de las medidas coercitivas unilaterales, las amenazas de una catástrofe nuclear hacen nido en las relaciones internacionales. Ello a pesar de que aún se siente cercana la pólvora de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, y sobrevuelan en la salud de varias generaciones posteriores las nubes atómicas generadas en Hiroshima y Nagasaki.
El diálogo, el entendimiento mutuo, la cooperación y los esfuerzos por mantener la paz parecen no estar de moda para algunos «dueños» del poderío militar actual. Y así se encamina el planeta hacia un destino del que poco se espera.
En medio de ese escenario, este 16 de mayo se celebra el Día Internacional de la Convivencia en Paz, a raíz de que así fuera declarado por la Asamblea General de la ONU, el 8 de diciembre de 2017, a través de la resolución 72/130.
El lema que acompaña a la fecha en 2026 es «Convivir en paz: forjar confianza mediante el diálogo, la inclusión y la reconciliación». Sin duda, un llamado a reconocer –según lo recoge la resolución– que convivir en paz es saber aceptar las diferencias, ser capaces de escuchar, reconocer, respetar y apreciar a los demás, así como vivir juntos pacíficamente.

Además, ese organismo multilateral convoca, con el festejo del día, a concientizar sobre la importancia de que se respete y comprenda la diversidad religiosa y cultural en el mundo entero, se elija el diálogo y la negociación en lugar del enfrentamiento, y se trabaje de forma unida.
Por otra parte, alienta a sostener los esfuerzos y las actividades para promover una cultura de paz, convirtiendo la celebración en una vía «para movilizar periódicamente los esfuerzos de la comunidad internacional con miras a promover la paz, la tolerancia, la inclusión, la comprensión y la solidaridad, y expresar su apego al anhelo de vivir y actuar juntos, unidos en las diferencias y la diversidad, a fin de forjar un mundo de paz, solidaridad y armonía».
Invita, además, a los Estados miembros a que se abran a la reconciliación para contribuir a hacer realidad la paz duradera y el desarrollo sostenible.
En ese sentido, cada año, a propósito de la conmemoración, Cuba reitera su compromiso con el respeto y la promoción de la paz y demás propósitos de la Carta de las Naciones Unidas, ante las arremetidas imperialistas y sus intentos expansionistas y de dominación.
Que cada nación respete el derecho de las demás a existir soberanamente y tenga a bien el diálogo antes que la agresión, serían los primeros pasos para que la paz mundial no fuera solo una quimera, sino un lugar posible.
Fuente: Granma
