Festival Internacional de Cine Pobre en Gibara: 20 años de resistencia y futuro en debate

La vigésima edición del Festival Internacional de Cine Pobre, celebrado en Gibara, se realizó en condiciones adversas debido a la crisis energética y la escasez de recursos. Aun así, el evento mantuvo su esencia multicultural con proyecciones al aire libre y una participación más compacta. Para Sergio Benvenuto Solás, presidente del Festival, esta edición representa un punto de inflexión que obliga a repensar su estructura y sostenibilidad.

Desde su fundación en 2003, el Festival ha transformado a Gibara en un referente cultural y turístico. La comunidad local ha visto crecer su oferta gastronómica, hotelera y patrimonial gracias al impacto del evento. Además, talleres audiovisuales han formado nuevas generaciones de cineastas, consolidando a Gibara como un espacio de creación y aprendizaje.

Pero esta ediciòn que acaba de concluir, la de 2026, tiene una significación especial que Sergio Benvenuto Solás, presidente del Festival Internacional de Cine Pobre resume así en declaraciones para Altercine IPS: “Somos afortunados por haber conseguido realizar este certamen cinematográfico y multicultural, aún en una escala resiliente y compactada”.

Las actuales condiciones de crisis energética, de escasez de combustible, transporte y recursos de todo tipo, provocaron una reducción de invitados y participantes y el uso de pantallas al aire libre en lugar del Cine Jiba de la villa. “Estamos en el último festival de este ciclo, en un momento muy difícil y a la vez de inevitable transformación”, señaló el sobrino de Humberto Solás, quien junto a su hermano Aldo acompañó al cineasta de Lucía desde la fundación de este Festival.

Sin embargo, como él mismo apunta, el simple hecho de haber podido “estar acá, observar, pensar y proyectar la sobrevivencia futura del Cine Pobre; a la vez que actuar y generar nuevamente el evento cultural para brindárselo al pueblo de Gibara ya es una ganancia”.

El Festival enfrenta el desafío de adaptarse a las dinámicas actuales de Cuba y las industrias creativas. Se plantea la creación de una Fundación Humberto Solás para gestionar fondos internacionales y garantizar la continuidad del proyecto. Asimismo, la Factoría de Cine Pobre busca ampliar su alcance hacia el oriente cubano, visibilizando narrativas alejadas de la hegemonía capitalina.

Más allá de las dificultades, el Festival Internacional de Cine Pobre ha demostrado ser un motor de transformación cultural y económica en Gibara y en la región oriental de Cuba. Su futuro dependerá de la capacidad de reinventarse y de fortalecer alianzas entre instituciones culturales, gobiernos locales y actores internacionales.

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