Si hay un lugar en La Habana donde el tiempo se detiene y las páginas susurran historias de siglos, ese es la Biblioteca Nacional de Cuba. Una de las primeras sedes de la institución, y sobre lo cual poco se conoce, fue en un salón del Castillo de la Real Fuerza, donde se estableció desde el 18 de octubre de 1901.
En un mundo donde lo digital avanza a pasos agigantados, la BNJM ha sabido equilibrar tradición e innovación, convirtiéndose en un referente imprescindible para investigadores, estudiantes y amantes de la cultura. Acompáñanos en este recorrido de la historia de una institución con más de 100 años.
De un castillo colonial a la Plaza de la Revolución: una historia de resistencia

Los inicios de la Biblioteca Nacional fueron modestos: 3.000 volúmenes donados por su primer director, Domingo Figuerola Caneda, marcaron el arranque de una colección que hoy supera el millón de piezas. Pero el camino no fue fácil. Incendios, traslados precipitados y la humedad del trópico pusieron en riesgo tesoros irrepetibles.
Fue en 1952 cuando se colocó la primera piedra del edificio actual, en la emblemática Plaza Cívica (hoy Plaza de la Revolución), por iniciativa del intelectual Fernando Ortiz y en honor al natalicio de José Martí.
Cinco años después, en 1957, la institución se mudó a su sede definitiva: una torre de 15 pisos diseñada con criterios modernos de iluminación, conservación y acceso público.
Tras el triunfo revolucionario de 1959, la doctora María Teresa Freyre de Andrade redefinió su misión: ya no bastaba con guardar libros; había que democratizar el conocimiento.
Así nacieron departamentos especializados, la Escuela de Técnicos de Bibliotecas (1962) y una red nacional que llevó servicios bibliotecarios a los rincones más apartados del país.
Salas que son mundos: un viaje por sus colecciones especializadas

Una de las grandes fortalezas de la BNJM es su organización por salas temáticas, cada una con identidad propia y fondos únicos. Aquí algunas que no te puedes perder:
– Colección Cubana «Antonio Bachiller y Morales»: El corazón del patrimonio bibliográfico nacional. Aquí se resguardan libros, folletos y prensa de los siglos XVIII y XIX, además de la invaluable Colección Martiana.
– Sala de Música «León-Murguecia»: Un paraíso para melómanos. Conserva partituras manuscritas originales de Nicolás Ruiz Espadero y Gaspar Villate, así como la obra completa de Ernesto Lecuona.
– Sala de Arte «Wifredo Lam» y Sala de Etnología «Fernando Ortiz»: Espacios dedicados a las artes visuales y las raíces culturales afrodescendientes e indígenas de Cuba.
– Sala «Frank Emilio» para personas con necesidades especiales: Un ejemplo de inclusión, con recursos adaptados para garantizar el acceso universal al conocimiento.
Para acceder a estos fondos, basta con registrarse como usuario y solicitar el carné correspondiente. El personal especializado está siempre dispuesto a guiar tu búsqueda.
Del papel a la pantalla: la transformación digital de la BNJM
En la era de la inmediatez, la Biblioteca Nacional no se ha quedado atrás. Desde el año 2000 impulsa su Biblioteca Digital, que permite consultar en línea parte de su patrimonio documental.
Además, forma parte de redes internacionales como la Biblioteca Digital del Patrimonio Iberoamericano (BDPI) y dLOC, ampliando el acceso global a sus colecciones.
Aunque los desafíos tecnológicos y económicos persisten —especialmente tras la crisis de los años 90—, la institución ha reiniciado publicaciones clave como la Revista de la Biblioteca Nacional y fortalecido sus catálogos en línea.
Más que libros: por qué la BNJM sigue siendo relevante hoy
En tiempos de desinformación y contenidos efímeros, la Biblioteca Nacional de Cuba representa un faro de rigor, preservación y acceso crítico al conocimiento. No solo custodia el pasado: impulsa talleres, conferencias, exposiciones y programas de lectura que forman nuevas generaciones de ciudadanos conscientes.
Como escribió el poeta Miguel Ojeda en un homenaje reciente:
«Biblioteca Nacional / con Cuba como apellido». Esa esencia —ser guardiana y promotora de la identidad cubana— es lo que la mantiene viva, útil y necesaria.
