De la convocatoria a la acción en la tierra

De la convocatoria a la acción en la tierra

En cada una de las reuniones hasta ahora realizadas sobre las estrategias económicas y sociales de las provincias, un punto permanente insertado como clave ha sido la producción de alimentos, ¿el porqué? Es obvio, resulta un tema de seguridad nacional.

Es evidente que existe plena coincidencia de que el uso de técnicas agroecológicas, ante la falta de fertilizantes y herbicidas, es un camino que los productores deben emprender si desean mirar hacia un presente-futuro más próspero y sostenible en  la producción agrícola; sin embargo, no todos implementan esta estrategia. Me atrevería a decir que aún algunos continúan pensando que el país debe “ponerles en las manos” los insumos necesarios para sembrar. Y no es así: no hay dinero disponible en divisas para eso, ni lo habrá. Se ha dicho reiteradamente.

Quedan otros caminos, el del incremento de las producciones por métodos más amigables con la naturaleza, uso del compost, de materias orgánicas, entre otros, que permitan obtener favorables rendimientos agrícolas en las condiciones que tenemos y alimentar al pueblo.

Es una tesis demostrada, pero si existe ese convencimiento, ¿por qué no todos aplican esta fórmula cuando existen experiencias muy positivas en los cultivos?

Es la interrogante que necesitamos responder, en una nación donde el “dossier” de investigaciones generadas por nuestros centros de investigación, teniendo como “polígono” de prueba a la agricultura, son abundantes y diversas, y por demás con excelentes resultados demostrados no solo en Cuba, sino en otras naciones con condiciones similares a la nuestra.

Díaz-Canel lo ha reiterado durante los encuentros más recientes en las provincias. Tenemos imperiosa necesidad de socializar las mejores experiencias como parte del llamado extensionismo agrario, aprender en el campo, llevar la academia al surco, y el surco a la academia.

Sabemos que por la idiosincrasia de nuestros productores hay un refrán que dice “ver para creer”, y están muy buenos ejemplos como el expuesto ayer en Artemisa, donde un profesor, universitario, amante de la tierra, asumió por herencia familiar el amor a la tierra como sangre que corre por las venas.

Comenzó a trabajar un área de tierra que parecía inhóspita y que nadie quería, la transformó con métodos diversos, sin fertilizantes, produjo con eficiencia, antepuso su compromiso social a favor de los pequeños productores y la comunidad, y hoy convirtió Finca Martha en algo hermoso, un sueño posible porque le puso alma, corazón y vida al empeño, y es de las experiencias hacia donde todos debemos mirar.

En contraste, en cada uno de los encuentros sostenidos sobre las Estrategias de Desarrollo Económico y Social de las provincias ha emergido como negativo la inercia en la entrega de tierras ociosas, el burocratismo del proceso y peor aún, el número elevado de hectáreas de tierra que están vacías y en terreno de nadie. O sea no producen cuando necesitamos ponerlas a trabajar ya, muchas de ellas en sitios rodeados de embalses u otros acuatorios.

Son de las cosas que en la mentalidad de los productores y directivos implicados se deben transformar ya, pasar del llamado y la convocatoria a la acción.

Sí es cierto que se nota un cambio en el querer hacer, una disposición a «meterle» el cuerpo al 2023 para hacer un parte-agua en relación con el año precedente, mas ese mismo espíritu debe llegar a quienes todavía continúan pensando como si no existiera el bloqueo y tuviéramos de todo. Romper esa mentalidad implica ya, cortar el síndrome de parálisis de acción para pensar diferente, innovar y poner la inteligencia en función de resolver problemas desde otros enfoques.

La producción de alimentos es un tema de seguridad nacional y con eso no se juega.

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