«En Rebelde: Cien años con Fidel»

«En Rebelde: Cien Años con Fidel»

«En Rebelde: Cien Años con Fidel» deviene homenaje al guerrillero incansable, que hoy nos sigue convocando a la batalla frente a la adversidad.

Fidel, es de toda Cuba; y en el recorrido hacia el Centenario de su nacimiento -en estos tiempos tan difíciles- mantener vivo y eterno su legado será el mayor monumento que podamos cimentar.

Fidel es un país y su Centenario es de todos.

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El 5 de abril de 1953 fue la última vez que Fidel vio a su padre, don Ángel Castro. El encuentro se realizó en Birán, unos meses antes de que ocurrieran los sucesos del Moncada.

Ángel Castro Argiz -fallecido en octubre de 1956- fue uno de los tantos gallegos que dejó atrás su tierra y cruzó el Atlántico. En su travesía nunca imaginó que, de su propia casa, de su propia familia construida en el oriente de la Isla, emergerían la fuerza, los principios, la dignidad y el coraje para cambiar el destino de Cuba.

El libro “Ángel, la raíz gallega de Fidel escrito por Katiuska Blanco, destacada periodista, investigadora y estudiosa de la vida del Comandante en Jefe, nos acerca a la relación que existió entre el joven y sus padres, entre el eterno rebelde y su entorno familiar.

Cuenta en su obra la escritora que, durante el último encuentro, el tercero de los hijos de Ángel y Lina observaba con atención el espacio entrañable de su infancia. Desconocía si alguna vez volvería. Aquella era una despedida íntima, callada.

Vino el Moncada, el presidio y luego México; sin embargo, don Ángel siempre confió en que sus hijos regresarían desde la tierra mexicana para lograr la definitiva victoria. Las cartas escritas por Fidel fueron leídas en innumerables ocasiones por su padre.

Muchos años después, en conversaciones con el periodista español Ignacio Ramonet, el líder histórico de la Revolución cubana comentó la influencia que tuvo en su carácter la infancia en Birán, los vínculos con los haitianos que allí trabajaban, sus relaciones con los niños pobres de la zona, la escuela rural donde estudió, la permanencia en Santiago de Cuba.

Con su carácter forjado en las tierras de Birán, el tercero de los hijos de Ángel y Lina se convertiría en el indiscutible guía para cada momento difícil que vivió la nación, en el hombre que, para cada decisión trascendental sabía que primero había que consultar la voluntad popular; el cubano que más defendió a los humildes de Cuba y del mundo, con el mismo afán de la niñez y la adolescencia de repartir justicia, mitigar penas y aliviar dolores, donde la vida fuera más precaria.

Fidel fue padre y abuelo de muchos: de indígenas, de campesinos sin tierra, de africanos que lucharon contra el apartheid, de estadounidenses sin recursos, de víctimas de catástrofes naturales y de enfermos en muchísimas partes del mundo.

Fidel no solo fue el líder de una Revolución que aprendió a resistir cualquier adversidad, sino que también fue maestro de un pueblo; y al mismo tiempo, su discípulo más extraordinario.

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