«En Rebelde: Cien Años con Fidel» deviene homenaje al guerrillero incansable, que hoy nos sigue convocando a la batalla frente a la adversidad.
Fidel, es de toda Cuba; y en el recorrido hacia el Centenario de su nacimiento -en estos tiempos tan difíciles- mantener vivo y eterno su legado será el mayor monumento que podamos cimentar.
Fidel es un país y su Centenario es de todos.
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Cuando el 15 de enero de 1960, en el acto celebrado por la Sociedad Espeleológica de Cuba, el líder histórico de la Revolución enunciaba la esperanzadora frase, años después convertida en realidad, de que «el futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento», se abría un camino repleto de potencialidades y oportunidades para la pequeña Isla y su pueblo.
Convertir la ciencia en uno de los baluartes de la nación fue uno de los primeros planteamientos de Fidel Castro, a partir del proceso revolucionario. Con su visión futurista, impulsó el desarrollo de la biotecnología, que constituye una de las ciencias de mayor importancia en el país. Con Fidel al frente, como su máximo promotor, tempranamente se decidió promoverla como una de las principales industrias del desarrollo nacional.

Fidel generó una política de desarrollo de la ciencia, la tecnología y la protección del medio ambiente impregnada de valores éticos, con un sentido humanista y de trabajo en equipo, de colaboración interinstitucional, de solidaridad internacional y de promoción de los diversos campos de la investigación científica, incluyendo las ciencias básicas, las técnicas y nucleares, así como la esfera de las ciencias sociales y las humanidades.

Entre 1991 y 1992, cuando el país estaba enfocado hacia otras urgencias de carácter económico y social, se creó el Polo Científico del oeste de la capital, dedicado a la biotecnología e industria farmacéutica, bajo la directa conducción de Fidel.
Medicamentos únicos de su tipo en el mundo, como el Heberprot-P, la vacuna CIMAVAX, así como la creación de terapias para el tratamiento de enfermedades del sistema nervioso central, el cáncer, la hepatitis B o la meningoencefalitis, hicieron que los resultados de la ciencia cubana ganaran prestigio y reconocimiento internacional.
Esa historia de desarrollo científico tiene conexiones inseparables con el desarrollo educacional y de la salud pública, bajo el férreo bloqueo económico, comercial y financiero que impone el gobierno de Estados Unidos.
El sentido de la urgencia; la consagración al trabajo, como una expresión concreta de la ética del científico; la idea de una economía basada en la ciencia, la tecnología y la innovación, como palanca principal de nuestro desarrollo; entre otros principios, han distinguido a la ciencia cubana, superando obstáculos de todo tipo, enfrentando enormes adversidades. Fidel nos dio poderosas herramientas con las que abrir el siglo XXI, con todas sus complejidades y todos sus desafíos.

