«En Rebelde: Cien años con Fidel»

«En Rebelde: Cien Años con Fidel»

«En Rebelde: Cien Años con Fidel» deviene homenaje al guerrillero incansable, que hoy nos sigue convocando a la batalla frente a la adversidad.

Fidel, es de toda Cuba; y en el recorrido hacia el Centenario de su nacimiento -en estos tiempos tan difíciles- mantener vivo y eterno su legado será el mayor monumento que podamos cimentar.

Fidel es un país y su Centenario es de todos.

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Hace casi 32 años, en un vuelo comercial de la aerolínea Venezolana Internacional de Aviación (Viasa), arribaba por primera vez a La Habana el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías. Era el 13 de diciembre de 1994.

En medio de un escenario difícil para Cuba y para el movimiento revolucionario mundial, Chávez aceptó la invitación que le cursara el Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, y viajó a la “isla soñada muchas veces”, en un gesto de valentía.

Cuando la aeronave aterrizó en el Aeropuerto Internacional José Martí, descubrió que al pie de la escalerilla lo esperaba el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien le tributó un recibimiento de Jefe de Estado.

Años después, en numerosas ocasiones y presentaciones públicas, Chávez siempre recordaba el momento en que el avión se detuvo en un lugar inusual de la terminal aérea, donde se desplegó la alfombra protocolar y un funcionario de la Cancillería lo llamó por su nombre para informarle que lo esperaba el líder de la Revolución cubana.

“Yo creo que el ALBA comenzó con ese abrazo, yo ni tenía idea de que iba a ver a Fidel. Cuando aterrizamos vi por la ventanilla que había luces y pensé que Eusebio (Leal) me estaba esperando, pues era quien me había invitado a dar una conferencia en la Casa Simón Bolívar. Entonces, me llaman de la cabina y cuando voy, aparece Angelito, de Protocolo, me saluda, me da la bienvenida a Cuba y me dice que me están esperando”, contó en varias ocasiones, el Comandante Chávez.

Me asomo y veo al Caballo allá parado… les confieso que ahí me entró un frío… cuando veo a Fidel parado en la puerta, al pie de la escalerilla. Yo cargaba un maletincito, lo puse en el suelo, para darle el abrazo.

Luego estuvimos hasta las dos de la mañana… tres de la mañana… y yo sentía la mirada del águila, haciendo preguntas, tomaba nota, y realmente lo que estaba ocurriendo era que me estaba evaluando, me estaba pesando.

“Desde aquel día de aquel abrazo, la humilde vida mía quedó sellada para siempre al lado del gigante que es Fidel», confesó Chávez tiempo después. Y es que Fidel, siempre sabio, avizoró la grandeza del joven. Largas horas de conversación y un profundo análisis marcaron el inicio de una verdadera hermandad entre dos líderes y sus pueblos.

A la mañana siguiente, el 14 de diciembre de 1994, en la Casa Simón Bolívar, Fidel se sienta en la primera fila para escuchar la impresionante disertación del militar venezolano, acerca del proyecto emancipador del Libertador y cómo en los nuevos tiempos existe la posibilidad de materializar sus anhelos de independencia plena.

Ese mismo día memorable, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, y acompañado por el Comandante en Jefe, Hugo Chávez Frías acaparó la simpatía de todos los presentes, cuando expresó que “era la primera vez que venía físicamente, porque en sueños, a Cuba había venido muchas veces”.

“Algún día esperamos venir a Cuba en condiciones de extender los brazos y de mutuamente alimentarnos en un proyecto revolucionario latinoamericano, imbuidos como estamos, desde siglos hace, en la idea de un continente latinoamericano y caribeño integrado como una sola nación que somos”, proclamó.

Testigos de la despedida en el Aeropuerto internacional José Martí han contado que Chávez -otra vez vestido con su liquiliqui verde olivo- se puso la boina roja y antes de abordar el avión le hizo un saludo militar al Comandante en Jefe de la Revolución cubana, que fue reciprocado. Entonces, el líder bolivariano aseguró a su inigualable anfitrión: “Algún día lo recibiré en Venezuela como un amigo, igual que usted lo hizo conmigo”.

Aquel primer encuentro entre Fidel y Chávez, aquel abrazo entrañable, se transformó en la esperanza y la alianza de los pueblos de nuestra América.

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