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Camilo en la historia y en la vida del pueblo cubano
Víctor Pérez Galdós
Colaborador de Radio Rebelde
web@radiorebelde.icrt.cu
27 de Octubre del 2009, 8:35 a.m.
La Habana, Cuba.- José Martí aseguró que los héroes son patrimonio de todas las edades y también comensales de toda mesa.
Con una vida breve, su existencia transcurrió tan sólo durante 27 años, Camilo Cienfuegos Gorriarán hace realidad las afirmaciones de nuestro Héroe Nacional, puesto que es admirado y homenajeado por distintas generaciones de cubanos y su figura y labor siguen constituyendo fuente de inspiración y enseñanza para nuestro pueblo.
Su nacimiento tuvo lugar en el seno de una familia humilde el dos de febrero de 1932 en La Habana, en el barrio de Lawton, donde en la actualidad radica un museo en su casa natal. Fue el más pequeño de los tres hijos del matrimonio formado por Ramón Cienfuegos y Emilia Gorriarán.
Debido a las limitaciones económicas su familia tuvo que trasladarse hacia varias viviendas, en distintas zonas de La Habana, aunque de manera esencial residieron en San Francisco de Paula y después nuevamente en Lawton.
Desde su infancia Camilo evidenció contar con un carácter alegre y a su vez respetuoso con sus profesores y otras personas.
De su estadía primero en la escuela pública No. 5 “Félix Ernesto Alpízar” en Lawton y después en la Escuela Superior No. 13 de la Víbora hay diversas anécdotas. A manera de ejemplo, tan sólo hago referencia a lo que manifestara Virigina Sesma, quién fuera empleada de una de las escuelas donde curso estudios Camilo. Ella manifestó: El carácter de Camilo era muy alegre; siempre estaba sonriendo, pero cuando había que ser serio, lo era. Su carácter también era fuerte, fuerte en el sentido que no toleraba que lo mortificaran, ni le gustaba la indisciplina. Por ser así, en más de una ocasión fue regañado por la maestra y como castigo se le imponía estar de pie en el patio. Esto el lo cumplía a medias. En verdad era un rebelde. Siempre decía que el castigo impuesto no era justo. Sin embargo, era respetuoso con los maestros y con nosotros los conserjes.”
También Camilo durante su adolescencia y juventud le gustaba practicar deportes, bañarse en el río y en la playa e incluso recitar poemas. El 20 de mayo de 1944 en un acto cívico en la escuela recitó los versos de Bonifacio Byrne dedicados a la bandera cubana.
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A los 17 años ingresó en la escuela anexa a San Alejandro para estudiar escultura. Lo hizo durante un curso pero después debido a la situación económica de la familia tuvo que empezar a trabajar. El primero de abril de 1950 empezó a laborar en la sastrería “El Arte”. Tres años después salió hacia Estados Unidos de América con el objetivo de tratar de encontrar un trabajo que le diera mayores posibilidades de ayudar a sus padres. Conoció, y padeció, en el territorio norteamericano la crítica situación de los inmigrantes ilegales y debido a ello tuvo que residir en distintas ciudades, hasta que en 1955 fuera detectado por las autoridades y entonces tuvo que retornar a La Habana, tras haber estado detenido durante varias semanas y ser enviado primero a México.
En Cuba comenzó a laborar nuevamente en El Arte y participó en actividades estudiantiles para rendir homenaje a Antonio Maceo y José Martí, que también se convirtieron en jornadas de lucha contra la dictadura militar reaccionaria existente en el país. Precisamente el 7 de diciembre de 1955 fue herido al participar en una manifestación estudiantil y ser reprimida ésta por las fuerzas del régimen dictatorial.
Algunas semanas después, el 28 de enero de 1956, volvió a tomar parte en otra manifestación realizada por los estudiantes en el día del natalicio de José Martí. Ésta vez fue golpeado, detenido y fichado como comunista.
El 25 de marzo de ese año salió nuevamente hacia Estados Unidos. Pero ahora su propósito esencial no era establecerse en dicho país para encontrar mejoras para su vida personal o familiar, sino que deseaba entrar en contacto con los jóvenes revolucionarios encabezados por Fidel Castro que se preparaban en México para reanudar la lucha revolucionaria en Cuba.
Precisamente, poco tiempo después de su llegada a los Estados Unidos, en carta dirigida a su amigo José Antonio Pérez, le expresa: “Mi único deseo, mi única ambición, es ir a Cuba a estar en las primeras filas cuando se combata por el rescate de la libertad y de la hombría. Es imposible para mí permanecer alejado de los problemas. Cuba en estas horas negras necesita de cada ciudadano, de cada hombre, su mayor esfuerzo., él mío es y será pequeño pero será integro por ella.”
Casi cuatro meses más tarde también en otra misiva dirigida a su amigo, Camilo igualmente precisa: “A mi modo de ver las cosas, hay un solo camino digno de terminar la situación actual, y con sus responsables seguir la causa de Fidel. Fidel afirmó que este ano seremos libres o el morirá. Yo desde hace mucho estoy con él, me lo había jurado y lo cumpliré. El miércoles 19 de este mes, este que viene, me voy a México. Allá podré hacer más contactos con el muchacho aquel de que te hable, uno de los que estuvo preso. Voy con el único interés de ser útil y hacer lo más que pueda, así por lo menos saber el día que tengo que estar en Cuba.”
Consecuente con lo que planteara, se trasladó a México y logró establecer contacto con un conocido suyo que había participado años atrás en el asalto al cuartel Moncada y ahora formaba parte del grupo que se preparaba para retornar a Cuba y reiniciar la lucha revolucionaria.
A través de él fue que pudo ser aceptado para también realizar una etapa de entrenamiento y después participar en la expedición del yate “Granma”.
Tras su llegada a Cuba, el dos de diciembre de 1956, y del revés inicial sufrido por el Ejército Rebelde, tres días más tarde en Alegría de Pío, Camilo es uno de los pocos expedicionarios que logró continuar internándose en las montañas orientales y a los pocos días pudo reunirse con Fidel y un número muy reducido de combatientes.
Con el decursar de poco tiempo se distinguió como un aguerrido combatiente. En febrero de 1958 en la batalla de Pino del Agua fue herido. Después de recuperado, el 31 de marzo, Fidel Castro le encomendó realizar la guerra en la parte llana de la provincia de Oriente, en una zona comprendida entre las ciudades de Las Tunas, Holguín y Bayamo.
El 16 de abril de 1958 Fidel dictó una orden en la que ascendió a Camilo a Comandante. Al conocer esto él le dirigió a Fidel una breve pero muy significativa carta en la que le aseguró: “En mi poder el ascenso a Comandante del Ejército Revolucionario 26 de Julio; al recibir tan alto honor y responsabilidad he jurado cumplir a cabalidad dicho cargo, y trabajar hasta el límite de mis fuerzas por acelerar el triunfo de la Revolución, gracias por darme la oportunidad de servir más esta dignísima causa por la cual siempre estaré dispuesto a dar la vida, gracias por darme la oportunidad de ser más útil a nuestra sufrida Patria. Más fácil me será dejar de respirar que dejar de ser fiel a su confianza.”
Tanto durante el transcurso de la guerra revolucionaria como posterior a la victoria popular Camilo actuó en plena correspondencia con esas palabras.
Con firmeza fue capaz de cumplir la misión que le encomendara Fidel de encabezar una columna invasora que partió desde la Sierra Maestra y llegó hasta la parte central del territorio cubano. En la zona norte de la entonces provincia de Las Villas desarrolló una activa labor desde el punto de vista combativo y político. En la etapa final de diciembre de 1958 libró allí en forma exitosa la batalla de Yaguajay.
El primero de enero de 1959, tras producirse la fuga del dictador y ante las maniobras que hacían elementos reaccionarios para tratar de evitar el triunfo de la Revolución, Fidel le ordenó seguir hacia La Habana y ya el dos logró llegar al campamento militar de Columbia. Al día siguiente comenzó a desempeñar las funciones de jefe de las Fuerzas de Aire, Mar y Tierra de La Habana. El 21 de enero fue designado jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde.
En el transcurso de los primeros casi 10 meses del período revolucionario, hasta que se produjo su desaparición física, Camilo también sobresalió como un gran defensor de la Revolución y contribuyó a su desarrollo, con la fuerza de la palabra.
Tanto en el seno de los integrantes de las fuerzas armadas, como en concentraciones efectuadas en distintos poblados de Cuba, y en encuentros sostenidos con diversos sectores del pueblo, Camilo trató temas medulares, como la importancia de la interrelación del pueblo y el ejército, la trascendencia de la unidad de los obreros, campesinos y estudiantes, así como de lo estratégico que resultaba para el país la aplicación consecuente de la ley de reforma agraria.
El 26 de octubre en el acto efectuado en La Habana, Camilo pronunció su último discurso y volvió a recitar un fragmento del poema de Bonifacio Byrne al señalar:
Si desecha en menudos pedazos
Llega a ser mi bandera algún día
¡Nuestros muertos alzando los brazos,
La sabrán defender todavía!
Posteriormente viaja nuevamente a Camagüey, ciudad en la que desde hacía varios días había participado en el enfrentamiento de una maniobra contrarrevolucionaria realizada por el jefe del regimiento militar de la provincia, secundada por otros oficiales y algunos civiles.
Precisamente Camilo había viajado nuevamente a Camagüey para comprobar cómo estaba la situación.
Al salir rumbo a La Habana en una avioneta el 28 de octubre ya en horas de la tarde noche la avioneta cayó al mar y se produjo así su desaparición física.
Después de días y noches de incansable búsqueda se anunció por parte de Fidel, el 12 de noviembre, la definitiva desaparición de Camilo.
En esa ocasión Fidel señaló que en el pueblo hay muchos Camilos y aseguró: “…y Camilo seguirá viviendo en hombres como él; y seguirá viviendo en hombres que se inspiren en él. Porque lo único que nosotros podemos pedirle a nuestro pueblo es que, cada vez que la patria se encuentre en una situación difícil y en un momento de peligro, que se acuerde Camilo.”
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