Ayer llovían los reeles amenazantes de filtraciones y avisos, y hoy Cuba amanece recordando que hace 65 años éramos un estado por crear y salió el pueblo a pelear y los derrotó.
Junto a esa voz digna la mejor respuesta la están dando los que llenan la esquina de 23 y 12, el mismo pueblo que está sufriendo las consecuencias de la guerra económica iniciada incluso antes de la invasión a Girón.
Si se presta atención a todo lo que dice Trump, uno se enloquece y se aterroriza. Igual de aborrecibles, o incluso peores, son los que en nombre de su origen cubano se atreven a pedir lo peor para Cuba, sin pensar en que, en el imposible caso de que ganasen, ya no podrán ser voceros de los neofacistas serán expulsados.
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