La estancia prolífera de Martí en Venezuela

Una estancia prolífera, que lo maduró como revolucionario e intelectual, fue la de José Martí en Venezuela, quien arribó a esta nación entrañable proveniente desde Nueva York, en enero de 1881.

Una visita obligada para el joven emigrado que sentía una pasión inmensa por la historia y la política venezolana, y por el legado de Bolívar, como asegura el profesor Rubén Rodríguez Echevarría, Presidente de la Sociedad Cultural José Martí en el Capítulo Venezuela.

“José Martí había tenido conocimientos de este país con el grupo de emigrados que vivían en los Estados Unidos, pero también en su ideario político, histórico y militar estaba la presencia de Bolívar y las grandes batallas de los venezolanos por la independencia de la América, entonces hace un viaje que era ineludible para él”, considera el experto.

Más adelante, el catedrático insiste en sus criterios: “¿cómo no venir a esta fuente histórica?, ¿cómo no venir a este lugar épico desde el punto de vista militar?, ¿cómo no visitar la Patria de Bolívar que aparece más de 150 veces en las Obras Completas?”.

Se considera a Martí el más bolivariano de los hombres del siglo XIX americano, por tanto, era una visita obligada venir a Caracas, él parte de Nueva York el 8 de enero de 1881 y llega el 19 de ese mes, pero, contrario a lo que piensa la imaginación popular, no entra por Caracas, sino por Puerto Cabello, que formaba parte de la escala Nueva York-Curazao-Puerto Cabello-La Guaira.

“La llegada que se produce por Puerto Cabello fue impactante para él y califica este sitio como “cesta de flores que va en busca del forastero”, frase que está inscrita cerca del Puerto en la calle Salón, donde los venezolanos la han colocado, no se sabe exactamente quien dejó para siempre esa frase del Apóstol, realmente creo que fue el amor popular, y ahí permanece en la custodia generosa de los porteños la presencia de José Martí”, explica Rodríguez Echevarría.

Con el acucioso investigador, viajamos en el tiempo, a más de un siglo de distancia, para acompañar el periplo de Martí el 21 de enero de 1881, por caminos casi intransitables de las montañas del Waraira Repano hasta su llegada a Caracas, donde su primera parada fue ante la Estatua de Bolívar, allí sin quitarse el polvo del camino, al anochecer y con lágrimas en los ojos, le rindió honores al Libertador.

“Martí se traslada al Puerto de la Guaira, llega al amanecer, hora en que debe haberse producido el desembarco y la descarga, porque era lo tradicional de las líneas marítimas y a las 3 de la tarde sube a Caracas, atraviesa parte del Ávila (Waraira Repano) y llega a la capital aproximadamente pasadas las 6 de la tarde, se detiene en la Plaza Bolívar, y coincide esta hipótesis con lo que él escribe en La Edad de Oro: «Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba a donde estaba la estatua de Bolívar…”, comenta el entrevistado, quien recuerda que a esa hora ya oscurece la ciudad.

Puntualiza que según datos confirmados por la historiografía, después de este acto cargado de amor, el joven revolucionario cubano se instaló en la casa de la señorita Smith para quien traía cartas de presentación.

Pero ¿Cuáles razones debieron haber motivado a Martí para viajar a Caracas y considerar su permanencia en esta ciudad?

El Presidente de la Sociedad Cultural José Martí en su Capítulo Venezuela recuerda que “era un emigrado, hay que pensar en las condiciones de un emigrado, la necesidad de encontrar un espacio que no podía ser nuestra patria, viene a buscar un lugar para ubicarse lejano a Nueva York, porque no le gustaba la trepidación de la vida neoyorquina, lo intentó en México, Guatemala, y en Caracas, un lugar que escogió para asentarse y traer a Carmen, su esposa y a su hijo. Caracas tenía en aquel momento con el Gobierno de Guzmán Blanco, el llamado ilustre americano, (aunque era un déspota), las  condiciones literarias, culturales, para asentarse en Venezuela y desde aquí producir”, aclara el profesor.

También menciona la bienvenida que recibe el joven intelectual y revolucionario cubano por parte de Fausto Teodoro de Aldrey el 27 de enero de 1881 en el periódico de su propiedad, La Opinión Nacional, quien exaltaba la visita de José Martí, tan conocido a pesar de su escasa edad en los predios periodísticos y culturales americanos y hacía votos porque su estancia fuera pródiga y duradera.

“El patriota de la isla consideraba al Libertador como un referente, de ahí que ningún lugar mejor que la Patria de Bolívar para asentarse aquí, Martí estudia la historia militar del país, hace el prólogo del libro de Eduardo Blanco, Venezuela Heroica, y se impresiona tanto con este libro donde se describe la batalla venezolana por la libertad de las cinco Repúblicas, que, incluso, en un viaje a Venezuela vuelve a mencionar a ese autor”, añade el entrevistado.

A Martí se le acoge como maestro, precisamente en el Año del Centenario de Bolívar. Fueron sin dudas, seis meses intensos, pero sus propias ideas políticas lo hacen abandonar el país.

A propósito dice Rubén Rodríguez que “esa fue su primera y única visita, se produce en tan corto lapso, porque, aunque él encuentra en la intelectualidad caraqueña un gran respaldo y la Juventud del Centenario de Bolívar lo acoge como Maestro, había un gobierno despótico (de Guzmán Blanco), a quien molestaba la figura de José Martí, aquel ser independiente que se vinculó a Cecilio Acosta, a la intelectualidad caraqueña y que no cantó loas al Jefe de la República en un momento en que las mejores plumas se rendían al halago del ilustre americano  o eran dados a la mendicidad como le sucedió a Cecilio Acosta, gran intelectual y oponente de Guzmán Blanco”.

Precisamente, Cecilio Acosta muere el 8 de julio y Martí le escribe un exordio, el Presidente no aceptó aquel gesto que consideró un desafío a su autoridad “y eso provoca que el 27 de julio de 1881 un edecán presidencial, el Coronel Antonio Nicolás Briceño, se acerca a Martí y le dice que, o escribía un halago a Guzmán Blanco o se plegara, o abandonara Venezuela, y Martí, que nunca fue de raza vendible, abandonó la ciudad, para regresar a Nueva York, dejando aquel proyecto de instalarse en Venezuela”.

El pedagogo ofrece otro dato histórico de interés, cuando señala que “como muestra de la imantación martiana, el Coronel Briceño, quien le notificó a Martí la expulsión de Venezuela, estuvo en Cuba años más tarde, conoció la figura del Héroe y hasta sus últimos días llevó en su billetera un retrato del Apóstol de Cuba, esto recuerda l Coronel español Ximénez de Sandoval, jefe de las fuerzas españolas que combatieron en Dos Ríos el 19 de mayo de 1895, quien, cuando la monarquía española quiso condecorarlo con el Marquesado de Dos Ríos, él se negó. Fueron dos adversarios que bajo el influjo de la belleza, la poesía, el pensamiento  martiano, supieron rendir culto al más universal de los cubanos”.

Pero sin dudas, a pesar de ser un corto tiempo, los meses en que Martí permaneció en Venezuela marcaron su vida, a la vez que dejó su impronta en la nación hermana.

Según criterios de Rubén Rodríguez “Venezuela marcó un punto de inflexión en la vida de Martí, por el pensamiento político, militar, su acercamiento a las letras, a tal punto que después menciona sus horas venezolanas, escribe aquí Ismaelillo, él influye en Venezuela, y es influido por este país, por su historia, su cultura, las artes militares legadas desde los  próceres del continente con Bolívar al frente, pero además, no olvidó nunca a sus grandes amigos venezolanos, mantuvo contacto con ellos, con Heraclio Martín de la Guardia, Diego Lugo Ramírez, Lisandro Alvarado, Agustín Aveledo, quien fuera creador de la Cruz Roja Venezolana y del primer orfanato que hubo en este país y a quien Martí le obsequia 100 libros de Ismaelillo para los niños huérfanos; en fin, la vida de Martí desde la poesía, la historia, la literatura, la política, está marcada a partir de esta visita, por la «venezolanidad» Así fue de prolífera la estancia de Martí en Venezuela, páginas inolvidables en la vida del Maestro que pidió servir a este país como un hijo.

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