El 10 de octubre de 1868 marcó el carácter único de la Revolución cubana. Ese día comenzó la primera de las luchas independentistas: la Guerra de los Diez Años.
Es el sitio sagrado de la Patria donde un siglo después su líder histórico, el Comandante en Jefe Fidel Castro, proclamara que: «…en Cuba ha habido una sola Revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes».
En el centenario del trascendental levantamiento, Fidel marcó el carácter único de la Revolución, desde aquella fecha hasta la actualidad.


Conmueve pensar que esa campana, tañida aquel día glorioso para decretar por primera vez iguales derechos para todos, en 1947 la tomaría en sus manos un joven estudiante de Derecho con el claro objetivo de remover la conciencia nacional. Sería el mismo cubano que volvería a La Demajagua en 1968, ya convertido en el líder revolucionario Fidel Castro Ruz, para darnos una insuperable lección de historia.
En pleno siglo XXI, Cuba enfrenta numerosos desafíos; y en este escenario complejo, como única defensa y garantía para la nación, está la unidad. En nuestra cotidianeidad es imprescindible pensar en Céspedes, en los hombres y mujeres que a su lado batallaron en condiciones muy difíciles.

En Cuba ha habido una sola Revolución. La heroicidad de Céspedes y las palabras memorables de Fidel, cien años después, conservan una vigencia que estremece.
Ciertamente, el protagonista principal de la epopeya vivida durante mucho más de un siglo sigue siendo nuestro pueblo; por ello, las campanas de La Demajagua continuarán repicando con fuerza en la obra que debemos seguir construyendo.
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